FERNANDO J. LUMBRERAS
ROZALÉN ha detenido el ruido del mundo para escucharse a sí misma. La artista manchega, una de las voces más queridas y luminosas de la música en español, anunció a través de un vídeo en Instagram que a partir de enero hará una pausa indefinida en su carrera, un gesto tan inesperado como profundamente humano. “Siento mucho, mucho agotamiento emocional”, confiesa mirando a cámara, con la serenidad de quien acepta que incluso la luz necesita descansar.
En su mensaje, ROZALÉN reconoce que le resulta extraño tener que justificar un descanso, pero que la presión y la velocidad de los últimos años la han llevado a parar. Lo hará a su manera: regresando a Letur, su pueblo de Albacete, donde pretende reconectar con la vida sencilla, “estar con mi familia, desconectar de redes, estar en silencio, leer y componer al ritmo que dicten mis emociones”. El anuncio, más que un adiós, suena a un suspiro largamente contenido, a un acto de autoprotección que se vuelve también un acto político: el derecho a parar.
La cantante subraya que este “descanso de la guerrera” implica rechazar todos los trabajos que se le presenten. Un privilegio, dice, que se ha ganado “a pulso”. Y entonces, como quien repasa un viejo cuaderno lleno de vuelo y cicatrices, enumera los hitos de sus 15 años de carrera: seis discos, cerca de 700 conciertos en 20 países, escenarios que van desde bares diminutos a festivales multitudinarios, colaboraciones con alrededor de 200 artistas —entre ellos Serrat, Estopa, Raphael, Reincidentes o Viva Suecia—, un libro publicado y la creación de un festival contra la despoblación rural en su querido Letur.
En el vídeo también revisa sus reconocimientos: el Goya a Mejor Canción por Que no, que no en 2021, el Premio Nacional de las Músicas Actuales, tres premios de la Academia de la Música de España —incluido el de Artista del Año 2025— y cinco nominaciones a los Latin Grammy. Un palmarés que, lejos de deslumbrarla, parece servirle para tomar conciencia del camino recorrido y de la necesidad de respirar antes de seguir.
ROZALÉN recuerda, además, que este año debutó como actriz interpretando a Chavela Vargas, que ha compuesto para otros músicos, para cine y para teatro, y que incluso tiene un sello de correos con su imagen. Pero es en su labor más activista —en memoria democrática, inclusión, feminismo y derechos humanos— donde se detiene para subrayar otra forma de entrega, menos visible y profundamente transformadora.
Tras este repaso, explica que mirar atrás es imprescindible: “Reconocer los esfuerzos, celebrarlos y entender que incluso los momentos muy duros han valido la pena”. La noticia deja en el aire un silencio reverente, como si todos sus seguidores, al unísono, contuvieran el aliento. No es un punto final. Es una página en blanco que ella escribirá cuando vuelva a sentirlo, sin prisas, sin ruido, sin miedo. Porque a veces, para seguir cantando, hay que aprender primero a descansar.




