FERNANDO J. LUMBRERAS
Las canciones tienen una vida secreta que comienza cuando dejan de pertenecer únicamente a quienes las escribieron. Viajan de una generación a otra, se instalan en la memoria sentimental de miles de personas y, algunas veces, encuentran nuevas voces capaces de devolverles el brillo de un primer encuentro. LÉRICA ha decidido recorrer ese camino con «Sin miedo a nada», una canción que ahora respira entre guitarras flamencas, percusiones cálidas y ese compás del sur que convierte la nostalgia en una celebración compartida.
Juan Carlos Arauzo y Antonio Mateo prosiguen así el recorrido de La Escalera de la Rumba — Vol. 1, un proyecto con el que el dúo gaditano se adentra en el repertorio de canciones que han acompañado la vida de varias generaciones. Después de presentar «Kisiera Yo Saber», los músicos descubren una segunda pieza de este particular homenaje a la memoria popular, construido desde la fusión del pop contemporáneo con la tradición rumbera andaluza.
El origen de esta aventura discográfica se encuentra lejos de los grandes estudios y de las estrategias convencionales de lanzamiento. Todo comenzó en un ambiente mucho más espontáneo: reuniones entre amigos, canciones interpretadas con naturalidad y vídeos compartidos en redes sociales. Aquellas versiones, nacidas sin mayores pretensiones que disfrutar de la música, comenzaron a despertar el entusiasmo de seguidores de diferentes lugares del mundo. Las peticiones para poder escucharlas en las plataformas digitales terminaron por transformar una experiencia informal en un proyecto de estudio.
Esa procedencia explica buena parte de la personalidad de La Escalera de la Rumba. LÉRICA ha querido conservar el espíritu de aquellas primeras interpretaciones, cuando bastaban unas guitarras y unas cuantas voces para recuperar canciones conocidas por todos. El desafío consistía en trasladar aquella cercanía a una producción discográfica sin perder la espontaneidad que había despertado el interés del público.
«Sin miedo a nada» ha sido grabada en Cádiz junto a los productores y arreglistas Dani Ruiz y Pedro Pimentel, responsables de acompañar al dúo en esta nueva lectura musical. El resultado combina la arquitectura melódica del pop con los recursos expresivos de la rumba: guitarras flamencas que dibujan el pulso de la canción, percusiones orgánicas que sostienen su movimiento y coros que amplían la presencia de las voces protagonistas.
La elección de este repertorio también permite observar una faceta especialmente interesante de LÉRICA. Acostumbrados a desenvolverse en un lenguaje musical contemporáneo, Arauzo y Mateo regresan a una tradición que forma parte de su identidad cultural. La rumba aparece aquí como un punto de encuentro entre la herencia musical andaluza y las canciones populares de las últimas décadas, un espacio donde las melodías conocidas pueden adquirir nuevas inflexiones sin perder su capacidad de emocionar.
Cádiz ocupa, además, un lugar fundamental en la concepción del proyecto. La vinculación del dúo con su tierra trasciende el sonido y alcanza también la propuesta audiovisual. Los videoclips de «La Escalera de la Rumba» se han rodado en las históricas Bodegas Barbadillo, en Sanlúcar de Barrameda, un escenario estrechamente relacionado con el patrimonio cultural y la tradición de la provincia. Sus espacios se convierten en el marco visual de unas canciones que encuentran en el paisaje gaditano una prolongación natural de su personalidad musical.
La elección de este enclave refuerza la coherencia de una propuesta que reivindica el valor de lo cercano. Las guitarras, las voces, los encuentros entre amigos y la arquitectura de las bodegas componen un mismo imaginario: el de una Andalucía que reconoce su pasado musical y lo mantiene vivo mediante nuevas interpretaciones.
El próximo 30 de octubre llegará a las plataformas digitales «La Escalera de la Rumba — Vol. 1», integrado por cinco clásicos reinterpretados con el sello de LÉRICA. El lanzamiento permitirá descubrir el conjunto de un trabajo que, a juzgar por sus dos primeros adelantos, pretende recuperar el placer de cantar canciones conocidas desde una sensibilidad diferente.
Con «Sin miedo a nada», el dúo gaditano continúa dando forma a una etapa en la que la memoria musical adquiere un protagonismo especial. Sus nuevas versiones recuerdan que una melodía puede atravesar los años, cambiar de acompañamiento y encontrar otra manera de conmover. Al fin y al cabo, las canciones que permanecen en la memoria colectiva nunca terminan de escribirse: cada voz que las recupera añade un nuevo capítulo a su historia.




