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La naranja mecánica contra los samurais

Holanda y Japón firmaron en Dallas el partido más vibrante del Mundial hasta el momento. Un empate con sabor a espectáculo que dejó goles, alternativas y una sensación compartida: ninguno de los dos equipos mereció perder. La selección neerlandesa llegó a tener el encuentro bajo control en dos ocasiones, pero terminó pagando su repliegue en el tramo final y vio cómo Japón rescataba un valioso punto con un gol en el minuto 88.

El inicio estuvo condicionado por el calor y el ritmo tardó en aparecer. En un estadio convertido en una auténtica caldera, ambos equipos apostaron por un planteamiento conservador, sin presión alta y con posesiones largas pero poco profundas. Holanda encontró sus mejores opciones en las botas de Donyell Malen, elegido por Ronald Koeman para liderar el ataque pese a las dudas que sigue generando la falta de un delantero diferencial en esta selección. Sin embargo, el delantero se topó una y otra vez con un inspirado Suzuki.

Japón también tardó en soltarse. Solo en los últimos minutos antes del descanso llegaron las primeras señales de peligro real con intentos de Nakamura y Ueda que rozaron el gol.

Todo cambió tras el paso por vestuarios. Holanda aceleró y encontró premio en el minuto 51. Tras una jugada iniciada por De Jong y continuada por Gravenberch, Virgil van Dijk apareció en el área para marcar de cabeza y abrir el marcador.

La reacción japonesa fue inmediata. Apenas cinco minutos después, una acción llena de calidad terminó con un potente disparo raso de Nakamura que sorprendió a Verbruggen y devolvió el empate al marcador.

Con el partido roto llegaron los mejores minutos. Gakpo y Summerville empezaron a encontrar espacios y el extremo neerlandés volvió a adelantar a la Oranje con un elegante zurdazo desde el borde del área que recordó a las grandes acciones del pasado neerlandés.

Parecía el golpe definitivo, pero Koeman decidió proteger el resultado. Introdujo cambios de perfil defensivo y Holanda dio varios pasos atrás. Japón aprovechó el terreno cedido y encerró a su rival. La insistencia tuvo recompensa en el minuto 88, cuando un córner terminó siendo desviado por Kamada, despistando a Verbruggen y firmando el definitivo 2-2.

El empate deja una de las imágenes más atractivas de este Mundial y confirma que, cuando el miedo desaparece, el torneo gana enteros. La única nota amarga para Japón fue la lesión de Kubo, que tuvo que abandonar el terreno de juego tras un choque con Dumfries.

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