FERNANDO J. LUMBRERAS
La música en español despide hoy a una de sus figuras más discretas y, al mismo tiempo, más decisivas. Felipe Staiti, guitarrista, compositor y fundador de Enanitos Verdes, ha fallecido a los 64 años en Mendoza, su tierra natal, tras permanecer ingresado en el Hospital Italiano. La noticia, confirmada por su mánager, ha sacudido a toda una generación que creció al calor de canciones que hoy forman parte de la memoria colectiva. Su guitarra, melódica y profundamente emocional, fue durante décadas una brújula sonora para el rock latinoamericano.
Nacido en 1960, Staiti fue mucho más que un instrumentista. Junto a Marciano Cantero y Daniel Piccolo, dio forma en 1979 a una banda que acabaría trascendiendo fronteras y épocas. Desde entonces, su estilo —inconfundible, cálido y preciso— se convirtió en una seña de identidad que ayudó a definir el sonido de Enanitos Verdes. Su trabajo como compositor y arreglista resultó clave para construir un repertorio que hoy sigue vivo en escenarios, radios y playlists de varias generaciones.
Hablar de Felipe Staiti es hablar de canciones que ya no pertenecen solo a una banda, sino a todo un continente. Temas como Lamento boliviano, La muralla verde o Te vi en un tren no solo marcaron una época, sino que se convirtieron en himnos emocionales compartidos entre España y América Latina, piezas capaces de resistir el paso del tiempo y seguir conectando con nuevas audiencias. Durante más de cuatro décadas, Staiti participó en la grabación de 14 discos de estudio y numerosos directos, consolidando una carrera sólida, honesta y profundamente influyente.
La historia reciente del grupo, sin embargo, ha estado teñida de pérdida. En 2022, la muerte de Marciano Cantero supuso un golpe devastador para la banda y sus seguidores. Hoy, con la partida de Staiti, se cierra un capítulo esencial en la historia del rock en español, quedando Daniel Piccolo como único miembro original de aquella formación que cambió para siempre el sonido latino.
En los últimos años, Staiti había reducido su actividad, pero su legado ya era irreversible. Su música permanece como un refugio emocional y una herencia artística que seguirá latiendo en cada acorde, en cada escenario y en cada recuerdo compartido. Su influencia, silenciosa pero constante, ha inspirado a generaciones de músicos que encontraron en su guitarra una forma de contar historias sin artificios.
La muerte de Felipe Staiti no es solo la despedida de un artista, sino el eco final de una era en la que el rock en español encontró su voz más auténtica. Una voz que, aunque hoy se apague en lo físico, seguirá resonando en millones de corazones.




