El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido extender de forma indefinida el alto el fuego con Irán apenas unas horas antes de que expirase la tregua prevista. La decisión, anunciada este martes, responde a una petición de Pakistán y se mantendrá vigente hasta que Teherán presente una “propuesta unificada” que permita retomar las negociaciones.

Trump, que había asegurado previamente que no prorrogaría el plazo, justificó el cambio de postura señalando las divisiones internas del Gobierno iraní y la solicitud expresa del jefe del Ejército paquistaní, Asim Munir, y del primer ministro Shehbaz Sharif. Al mismo tiempo, ordenó mantener el bloqueo naval sobre los puertos iraníes y dejó a las Fuerzas Armadas en estado de máxima preparación ante un eventual fracaso diplomático.

Desde Teherán, la respuesta no se hizo esperar. El embajador iraní ante la ONU, Amir-Saeid Iravani, condicionó cualquier avance en las conversaciones al levantamiento del bloqueo en el estrecho de Ormuz. Una exigencia que choca directamente con la postura de Washington, lo que mantiene el escenario estancado a corto plazo.

La tensión se produce en un contexto de contactos diplomáticos frágiles. La segunda ronda de negociaciones, prevista en Islamabad, sigue envuelta en la incertidumbre ante la negativa inicial de Irán a enviar delegación. Sin embargo, distintas voces dentro del régimen han dejado abierta la puerta a una posible participación, lo que mantiene vivas las expectativas de diálogo.

Mientras tanto, Estados Unidos continúa incrementando la presión sobre la República Islámica con acciones en el mar, incluyendo la interceptación de buques vinculados a Irán en los últimos días. Trump ha advertido además de que, si no hay avances, retomará los bombardeos “como nunca antes”.

El trasfondo de las conversaciones sigue centrado en dos grandes puntos de fricción: el control del estratégico estrecho de Ormuz y el programa nuclear iraní. Washington exige la suspensión del enriquecimiento de uranio durante dos décadas, mientras que Teherán propone limitarlo a cinco años a cambio del levantamiento de sanciones.

En paralelo, el conflicto en Oriente Próximo añade más presión a la región. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, ha exigido la retirada total de las tropas israelíes de Líbano, mientras Israel acusa a Hizbulá de violar el alto el fuego. Ambas partes se responsabilizan mutuamente de los incidentes, en un escenario que amenaza con ampliar aún más la inestabilidad regional.

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