LILIANA MONTES
La ciudad de México amaneció con un pulso distinto y Buenos Aires respondió al latido. A las seis de la tarde, como quien abre una puerta y deja entrar una ráfaga de aire nuevo, YAMI SAFDIE y CARÍN LEÓN estrenaron “Pero Yo Sí”, un tema que arde en cada sílaba y que llega directo como una flecha hacia un destinatario muy concreto: ese ex tóxico que alguna vez eclipsó a una amiga y que ahora recibe, musicalmente, la respuesta que nunca vio venir.
La canción, incluida en Querida Yo —el tercer álbum de estudio de la argentina— se sostiene sobre un cruce que parecía improbable, pero que en cuanto empieza a sonar se revela evidente, natural, casi inevitable. La mezcla de la profundidad pop y confesional de Yami con la voz abrasadora y de raíz norteña de Carín construye un territorio común donde ambos se entienden sin darse instrucciones, como si hubieran cantado juntos desde siempre. En esa fusión vibra un fuego que no oculta su intención: decir lo que otras callan.
Antes de su lanzamiento ya era casi un himno: un pequeño adelanto en TikTok bastó para que miles de usuarios lo convirtieran en el fragmento del momento, superando más de 10.000 creaciones en pocos días, como si la audiencia hubiese encontrado por fin la frase exacta para explicar lo inexplicable, ese alivio íntimo que llega cuando una canción dice lo que uno no se atreve.
En Querida Yo, Yami Safdie se sumerge en un viaje emocional que atraviesa el amor propio, las heridas que enseñan y las decisiones que construyen una identidad más sólida. Dentro de ese mapa sentimental, “Pero Yo Sí” se levanta como uno de los momentos más potentes del disco, un estallido rítmico y narrativo donde ella y Carín dialogan con una química que sorprende y desarma. A ratos es dulce, a ratos punzante… siempre verdad.
CARÍN LEÓN, por su parte, sigue reafirmando su estatuto de figura imprescindible en la música latina contemporánea. Con una carrera poblada de premios, colaboraciones legendarias y récords que no dejan de caer, el sonorense demuestra una vez más su versatilidad y su intuición artística al adentrarse en este universo pop sin perder ni un ápice de su esencia. Su voz, profunda y de filo cálido, entra en la canción como una corriente de aire del desierto que levanta polvo y memoria, recordando por qué hoy es uno de los nombres más influyentes del continente.
La colaboración, tan inesperada como inevitable, trae consigo algo más que música: trae actitud, trae valentía, trae ese “yo sí” que rompe silencios y libera a quienes alguna vez temblaron ante un adiós venenoso.
“Pero Yo Sí” no es solo un estreno: es una declaración. Una con ritmo, con sabor, con verdad. Una de esas que se cantan fuerte, como quien por fin respira hondo y se elige a sí misma.




