La noche de los III Premios de la Academia de la Música de España ya tiene un nombre grabado con letras doradas: Rosalía. La artista barcelonesa se convirtió en la gran protagonista absoluta de la gala celebrada en IFEMA Madrid al lograr un pleno histórico con sus ocho nominaciones gracias a su aclamado álbum Lux (2025), una obra que ha terminado de consolidarla como una de las figuras más influyentes y magnéticas de la música contemporánea en español.
Aunque su ausencia fue uno de los grandes comentarios de la noche, el eco de su triunfo resonó con fuerza en cada rincón del auditorio. Rosalía conquistó los premios a artista del año, álbum del año, canción del año por La perla, además de imponerse en categorías como mejor álbum pop, mejor canción pop, compositora del año, productora del año y mejor videoclip por Berghain. Un dominio absoluto que confirma el enorme impacto cultural y artístico de Lux, un disco que ha marcado a toda una generación y que ya ocupa un lugar privilegiado en la historia reciente del pop español.
La ausencia de la cantante no evitó que la emoción estuviera presente. José María Barbat, presidente de Sony Music España, fue el encargado de recoger uno de los galardones en su nombre y subrayó el peso artístico de la catalana con una frase que resumió perfectamente el espíritu de la noche: “Ha hecho que toda una generación pueda soñar más lejos”. Ni mensaje grabado ni conexión sorpresa. Solo el silencio elegante de quien ya no necesita demostrar nada porque la música habla por ella.
La gala también dejó otros nombres propios. Leiva firmó una destacada actuación con tres premios directos y un cuarto relacionado con el diseño artístico de Gigante. El madrileño se llevó, entre otros, el reconocimiento a mejor gira y mejor canción para banda sonora gracias al tema principal de su documental Hasta que me quede sin voz. Durante su intervención emocionó al recordar a Robe Iniesta, fallecido recientemente, reivindicando la huella humana y artística del exlíder de Extremoduro.
La escena urbana también tuvo una gran vencedora en Lia Kali, que dominó las categorías urbanas con tres galardones gracias a Kaelis y canciones como Chulx, junto a Eladio Carrión. Mientras tanto, Guitarricadelafuente confirmó su excelente momento artístico al obtener el premio a mejor álbum de música alternativa por Spanish Leather y mejor canción alternativa por Babieca.
Hubo también espacio para el flamenco contemporáneo, la electrónica y las músicas de raíz. María Terremoto emocionó al recordar que Manifiesto nació desde “el lado más oscuro” de su vida, mientras Salvador Sobral, Sílvia Pérez Cruz, Baiuca y Diego Amador también firmaron una noche brillante con varios reconocimientos.
Uno de los momentos más conmovedores de la ceremonia llegó con el homenaje al desaparecido Robe Iniesta, interpretado por artistas de estilos muy diferentes que unieron sus voces para celebrar el legado del músico extremeño. La gala, presentada por Leonor Watling, quiso convertir ese instante en un abrazo colectivo a una figura imprescindible del rock español.
Pero si hubo un instante verdaderamente simbólico fue el dedicado a Joan Manuel Serrat, quien recibió el primer Premio de Honor de la Academia de la Música. Todo el auditorio se puso en pie para homenajear al “noi del Poble-sec”, que recordó emocionado sus orígenes humildes y sus más de seis décadas de carrera. Serrat dejó una reflexión cargada de humanidad y melancolía al afirmar que todavía fantasea con que sus canciones puedan contagiar a otros “amor e ilusión por la música”.
La ceremonia volvió a poner sobre la mesa el deseo de la Academia de consolidar estos premios como una gran celebración colectiva de la música española. La presidenta de la institución, Sole Giménez, reivindicó durante la apertura la necesidad de defender la música como parte esencial de la cultura y subrayó la fortaleza de un sector que continúa buscando mayor unión y representatividad.
Aun así, la ausencia de varias estrellas jóvenes como Aitana, Rusowsky o el propio Guitarricadelafuente dejó cierta sensación de distancia entre generaciones dentro de una industria que vive uno de sus momentos más internacionales. Pero incluso entre silencios y butacas vacías, la noche tuvo una reina indiscutible. Rosalía no estuvo físicamente en Madrid, pero cada premio, cada aplauso y cada conversación terminaron orbitando alrededor de su nombre.




