FERNANDO J. LUMBRERAS
El rock español amaneció este miércoles con una herida que difícilmente cerrará: ROBE, el músico extremeño que cambió para siempre la historia del género y líder indiscutible de Extremoduro, ha muerto a los 63 años. Su agencia de comunicación confirmó la noticia en un comunicado que evitó precisar la causa del fallecimiento, pero que sí dejó constancia de su magnitud emocional: «Hoy despedimos al último gran filósofo, al último gran humanista y literato contemporáneo de lengua hispana, y al cantante cuyas melodías han conseguido estremecer a generaciones y generaciones».
El comunicado, publicado también por Dromedario Records, volvía a subrayar su grandeza con la misma contundencia poética que caracterizó la obra del artista: «Hoy despedimos al maestro de maestros». El mensaje, acompañado del vídeo de El hombre pájaro, resonó como un epitafio luminoso para uno de los creadores más influyentes de la música en lengua española. En los próximos días se dará a conocer el lugar y la hora del homenaje público que se celebrará en Plasencia, su ciudad natal.
La muerte del artista llega después de un año marcado por los problemas de salud que lo obligaron a suspender su actividad en directo. Hace doce meses, Robe tuvo que cancelar sus últimos conciertos en Madrid y, posteriormente, los de despedida de la gira Ni santos ni inocentes, tras ser diagnosticado de un tromboembolismo pulmonar. La afección le impuso reposo absoluto «poniendo en grave riesgo su salud en caso contrario», según detallaba entonces el parte oficial. Aun así, Robe mantenía viva su determinación creativa: agradeció al público el cariño recibido y aseguró que «las ganas de volver no se las quitaba nada».
Sin embargo, la vida —y quizá el destino torcido que tanto inspiró su obra— abrió otro desenlace. Y lo hizo de forma abrupta, dejando desamparada a una comunidad musical que hoy tiembla ante la inmensidad de esta pérdida.
Robe Iniesta, nacido en Plasencia en 1962, fue fundador de Extremoduro en 1987 y uno de los músicos, poetas y compositores más influyentes del rock en español. En 2024 recibió la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes, un reconocimiento que certificaba lo que ya sabían miles de seguidores: su obra había trascendido los escenarios para instalarse en la memoria cultural de varias generaciones.
Su manera de crear —intensa, visceral, ingobernable— fue siempre una declaración de principios. «Lo de quedarme estancado en las mismas canciones del pasado no lo veo de ninguna manera», decía en 2024, mientras seguía componiendo y girando por Galicia. Para él, cada canción era un latido nuevo, una excusa para volver a salir a escena y ver «cómo reacciona la gente», ese vínculo mágico que lo impulsaba a seguir componiendo.
A finales de ese mismo año, antes de que la enfermedad lo obligara a detenerse, ofreció momentos memorables, como su concierto en el Ifevi, una descarga emocional y eléctrica que muchos aún guardan en la piel. «Para hacerle un estropicio al pescuezo de tanto menear la cabeza y para dejar volar lo que anida por ahí dentro», escribió entonces Serxio González. Y así era Robe: un artesano del temblor, un poeta de lo inclasificable, un creador que elevó el rock hasta el territorio de lo sagrado.
Hoy, su ausencia pesa, pero su legado —ese tesoro que sus propios compañeros reconocen haber recibido— seguirá marcando el camino de quienes lo escuchan: el camino recto por el más torcido. Su voz, su lirismo desgarrado y su espíritu indomable seguirán volando, alto y libre, como ese hombre pájaro que tantos recitaron con los ojos cerrados.




