Las actividades turísticas vinculadas al mar ganaron protagonismo en los últimos años. Paseos en barco, excursiones costeras y salidas para observar el paisaje desde el agua forman parte de la oferta habitual en destinos de playa. Estas propuestas combinan recreación, contacto con la naturaleza y la posibilidad de conocer espacios a los que solo se accede por mar. Para muchas personas, representan una alternativa diferente a la estadía tradicional en la arena.
Entre las opciones más demandadas se encuentran las Rutas marítimas por el Cabo de Gata, donde los visitantes recorren calas, acantilados y áreas protegidas en embarcaciones de pequeño y mediano porte. Este tipo de recorridos permite apreciar el entorno desde otra perspectiva y acceder a zonas de difícil acceso terrestre. La experiencia suele incluir paradas para nadar o practicar snorkel, siempre bajo supervisión.
Según datos de la Organización Mundial del Turismo, el turismo costero y marítimo representa aproximadamente el 50% del total de los viajes internacionales en destinos de ocio. En países con amplia extensión de litoral, este segmento constituye una fuente importante de ingresos y empleo. La demanda de actividades náuticas creció de manera sostenida tras la pandemia, en parte por la preferencia de experiencias al aire libre.
Los paseos en barco pueden variar en duración y formato. Existen salidas cortas de una o dos horas y de jornada completa. Algunas incluyen servicio de guía para explicar aspectos geográficos e históricos del lugar. Otras se enfocan en la observación de fauna marina, como delfines o aves costeras, siempre respetando normativas de conservación.
El alquiler de embarcaciones con patrón es otra modalidad frecuente. Permite a pequeños grupos organizar recorridos personalizados. En estos casos, el capitán se encarga de la navegación y la seguridad, mientras los pasajeros disfrutan del trayecto. También existen opciones sin patrón para quienes cuentan con licencia de navegación.
Estos paseos suelen adaptarse a distintos perfiles de público. Familias con niños, parejas y grupos de amigos encuentran propuestas acordes a sus intereses. En muchos destinos se ofrecen actividades complementarias como kayak, paddle surf o buceo recreativo. Estas prácticas requieren equipamiento específico y, en algunos casos, formación básica previa.
La seguridad es un aspecto central en este tipo de turismo. Las empresas habilitadas deben cumplir con normativas sobre capacidad de pasajeros, uso de chalecos salvavidas y condiciones técnicas de las embarcaciones. En este contexto, desde Ola120, afirman: “Las autoridades realizan controles periódicos para reducir riesgos. Además, las condiciones climáticas determinan la viabilidad de cada salida”.
El impacto ambiental también forma parte del debate. El aumento de rutas guiadas obliga a implementar medidas de protección para evitar daños en ecosistemas frágiles. La regulación de fondeos, la limitación de visitantes en ciertas áreas y la educación ambiental son herramientas que buscan equilibrar actividad económica y conservación.
Desde el punto de vista económico, el turismo marítimo genera empleo directo en empresas de navegación, guías y personal portuario. También dinamiza sectores como la gastronomía y el alojamiento. En localidades costeras, la temporada alta suele estar vinculada a la oferta de este tipo de experiencias.
Para los visitantes, navegar ofrece la posibilidad de conocer el entorno desde una perspectiva distinta y de acceder a espacios menos transitados. La combinación de paisaje, actividad física moderada y descanso al aire libre resulta atractiva para quienes buscan propuestas variadas durante sus vacaciones.
El crecimiento de los paseos y excursiones marítimas muestra cómo el mar continúa siendo un eje central del turismo en muchas regiones. Disfrutarlo de manera responsable y planificada permite aprovechar sus recursos sin comprometer su preservación, y fortalece el vínculo entre visitantes y destinos costeros.



