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Noruega 3 – 1 Suecia

En su último ensayo antes de poner rumbo a Estados Unidos para disputar la Copa del Mundo, el conjunto dirigido por Ståle Solbakken firmó una actuación rotunda ante Suecia y dejó una sensación difícil de ignorar: este equipo parece preparado para incomodar a cualquiera.

Y lo hizo sin su gran estrella. Sin Erling Haaland sobre el césped y sin necesidad de recurrir a él. Porque cuando una selección encuentra velocidad, automatismos y talento en los costados, las ausencias dejan de parecer un problema para convertirse en una advertencia.

Desde el primer minuto Noruega salió decidida a imponer condiciones. El trabajo silencioso pero determinante de Alexander Sorloth fijando centrales abrió espacios constantes para que Antonio Nusa, Oscar Bobb y Jørgen Strand Larsen aparecieran entre líneas y castigaran una y otra vez a la defensa sueca.

El premio llegó muy pronto. Apenas habían transcurrido ocho minutos cuando un envío de Ryerson terminó convertido en gol gracias al oportunismo de Sorloth, que apareció donde aparecen los delanteros que huelen el peligro antes que nadie para desviar el balón con la cabeza y abrir el marcador.

Lejos de bajar el ritmo, Noruega entendió que tenía delante una oportunidad para lanzar un mensaje al resto del mundo. Cada transición era una amenaza y cada conducción de sus extremos abría grietas en una Suecia incapaz de contener el vértigo rival.

Entonces apareció uno de los nombres propios de la noche. Antonio Nusa, cada vez más señalado como una posible revelación del Mundial, recibió abierto, encaró, recortó hacia dentro y sacó un disparo cruzado imposible para el guardameta. Una acción de talento puro que confirmó que el fútbol noruego ya no vive únicamente de nombres consagrados.

Antes del descanso todavía hubo tiempo para el tercero. En una jugada nacida desde un saque de esquina cargado de tensión, el caos favoreció a Strand Larsen, que volvió a imponerse por arriba para ampliar una ventaja que ya reflejaba lo que estaba ocurriendo sobre el césped.

La segunda mitad perdió algo de intensidad entre cambios y pruebas, pero dejó nuevas lecturas interesantes. Schjelderup ofreció argumentos de sobra para reclamar minutos importantes en el torneo, aportando desequilibrio y frescura en ataque. Del lado sueco, Alexander Isak maquilló el resultado con un gol nacido de una buena acción individual y un punto de fortuna.

El marcador final pudo incluso quedarse corto para una Noruega que transmitió energía, confianza y una idea muy clara de juego: atacar rápido, asociarse con precisión y golpear sin miedo.

Mientras Suecia deja dudas preocupantes y una sensación de fragilidad competitiva, los vikingos se marchan hacia el Mundial alimentando una expectativa que no deja de crecer. Y lo más inquietante para sus rivales es que todavía esperan recuperar a Haaland y Odegaard para la gran batalla.

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