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Muere RUBÉN RADA a los 83 años, el hombre que hizo del candombe un lenguaje universal

FERNANDO J. LUMBRERAS

El candombe ha perdido una de sus voces esenciales. RUBÉN RADA, una de las figuras más influyentes de la historia de la música uruguaya, murió este miércoles 26 de agosto a los 83 años después de luchar durante aproximadamente un mes contra una neumonía y sus complicaciones. Con él desaparece un músico imposible de encerrar en un solo género, un artista que convirtió las raíces afro-uruguayas en materia prima para dialogar con el rock, el jazz, el funk y la música latina.

La noticia fue comunicada por su propia familia a través de las redes sociales del artista. Sus allegados explicaron que Rada falleció a las 15:30 horas y agradecieron las muestras de cariño recibidas durante las últimas semanas, así como el trabajo del equipo médico que lo atendió. El músico permanecía hospitalizado en Montevideo tras sufrir una neumonía, una enfermedad cuyas complicaciones terminaron provocando su fallecimiento.

Pero hablar de RUBÉN RADA únicamente desde la despedida sería quedarse en la última página de una historia extraordinariamente extensa. Conocido cariñosamente como «el Negro Rada», fue cantante, compositor, percusionista y actor, pero sobre todo uno de esos músicos capaces de modificar el paisaje sonoro del lugar del que proceden. Nacido en Montevideo en 1943, creció unido al pulso del candombe y terminó convirtiéndolo en una música abierta al mundo.

Su trayectoria profesional comenzó a tomar forma con El Kinto, formación fundamental para comprender la renovación de la música popular uruguaya, y posteriormente continuó con Tótem, otra banda decisiva en la incorporación del candombe a territorios dominados por el rock y las nuevas músicas latinoamericanas. Rada entendió muy pronto que la tradición no tenía por qué permanecer encerrada en una vitrina: podía mezclarse, transformarse y respirar el aire de cada época.

Esa inquietud acompañó toda su carrera. Publicó más de 40 discos y construyó durante décadas un repertorio en el que convivieron el candombe, el jazz, el rock, el funk y la canción popular, mientras su voz, su percusión y una personalidad escénica inmediatamente reconocible terminaron convirtiéndolo en una figura querida mucho más allá de Uruguay. Su influencia fue especialmente profunda en todo el Río de la Plata, donde varias generaciones de músicos encontraron en él una manera distinta de relacionarse con las raíces.

Su obra también alcanzó una importante dimensión internacional. Entre los momentos destacados de su discografía aparecen trabajos y canciones que ampliaron su presencia dentro del mercado latino, mientras que su capacidad para colaborar con músicos procedentes de universos diferentes confirmó una característica que lo acompañó prácticamente desde el comienzo: Rada nunca entendió la música como una sucesión de fronteras, sino como un territorio donde los ritmos podían encontrarse.

Ese recorrido recibió en 2011 uno de sus reconocimientos internacionales más importantes, cuando fue distinguido con el Premio a la Excelencia Musical de la Academia Latina de la Grabación, un galardón que reconocía una trayectoria que ya formaba parte de la memoria musical latinoamericana.

RUBÉN RADA permaneció además creativamente activo hasta sus últimos años. En 2025 publicó su último álbum de estudio, prolongando una carrera marcada menos por la nostalgia que por una curiosidad casi permanente. Había comenzado actuando en escenarios modestos y recorriendo bares y barcos, y terminó convertido en una referencia cultural de Uruguay y en uno de los grandes representantes internacionales de la herencia afro-uruguaya.

Su muerte desencadenó numerosas despedidas desde diferentes lugares de la cultura rioplatense. Entre ellas estuvo la de Fito Páez, que recordó a Rada como una figura fundamental del amor y de la música. También músicos y artistas como Charly García, Valeria Lynch y Natalia Oreiro expresaron públicamente su pesar por la desaparición de quien durante décadas fue compañero, influencia y referencia.

La dimensión de la pérdida ha quedado reflejada también en la respuesta institucional de Uruguay. El Gobierno del presidente Yamandú Orsi decretó duelo oficial para este jueves 27 de agosto y dispuso honores fúnebres para el músico. Sus restos serán velados entre las 14:00 y las 21:00 horas en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo de Montevideo, mientras la bandera uruguaya permanecerá a media asta en los edificios públicos y representaciones oficiales del país.

Es una despedida reservada a quienes terminan perteneciendo a algo más grande que su propia obra. Porque RUBÉN RADA no solamente dejó canciones: ayudó a cambiar la manera de escuchar el candombe y a proyectar la música uruguaya fuera de sus fronteras. En sus manos, la percusión podía guardar la memoria de varias generaciones y, al instante siguiente, mezclarse con una guitarra eléctrica o deslizarse entre armonías de jazz.

Ahora queda ese sonido. El golpe del tambor, una voz reconocible desde los primeros segundos y una forma de hacer música donde la raíz nunca significó quedarse quieto. Muere RUBÉN RADA, pero permanece el ritmo que ayudó a llevar desde Montevideo hacia el mundo.

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