LILIANA MONTES
El mundo del flamenco está de luto tras el fallecimiento este martes de PEPE HABICHUELA, uno de los guitarristas más influyentes y respetados de la historia de este género, a los 82 años. Su desaparición pone fin a más de seis décadas de una trayectoria excepcional marcada por la innovación, la fidelidad a la tradición y una capacidad única para hacer hablar a la guitarra. Integrante de la histórica dinastía de los Habichuela, fue nieto, hijo y padre de guitarristas, dejando un legado que ha marcado profundamente la evolución del flamenco contemporáneo.
Nacido en Granada en 1944, Pepe Habichuela creció en una cueva del Albaicín, muy cerca del Sacromonte, rodeado de música y de una familia que respiraba flamenco. Desde muy joven comenzó a tocar la guitarra por los tablaos granadinos y, con apenas 18 años, se trasladó a Madrid, donde debutó en el emblemático tablao Torres Bermejas en 1964. A partir de entonces inició una carrera que lo convertiría en una figura imprescindible del panorama flamenco nacional e internacional.
Su nombre quedó unido para siempre al de Enrique Morente, con quien mantuvo una estrecha colaboración artística durante casi treinta años. Juntos firmaron algunos de los trabajos más importantes del cantaor granadino, como Despegando, Homenaje a D. Antonio Chacón o Negra, si tú supieras, además de compartir escenarios hasta poco antes de la muerte de Morente en 2010. Posteriormente continuó ese vínculo artístico participando en el espectáculo Habichuela Morente, junto a Kiki Morente, dentro del festival Suma Flamenca.
A lo largo de su carrera, PEPE HABICHUELA compartió escenario con figuras legendarias como Camarón de la Isla, Pepe Marchena, Juanito Valderrama o Paco de Lucía, formando parte de aquella generación que revolucionó el flamenco en los años setenta y abrió nuevos caminos para los artistas que llegarían después. Su talento también lo llevó a explorar nuevos horizontes musicales, colaborando con músicos internacionales como Dave Holland o fusionando el flamenco con la música india en proyectos tan singulares como Yerbagüena.
Entre sus trabajos discográficos destacan A Mandeli, dedicado a su abuelo, Habichuela en rama, considerado una de sus obras más representativas, Yerbagüena y Hands, álbum este último grabado junto al prestigioso contrabajista de jazz Dave Holland. Paralelamente, desarrolló una intensa actividad internacional con giras por Europa, Oriente Medio y numerosos países, consolidándose como uno de los grandes embajadores del flamenco español.
Su prestigio fue reconocido con algunos de los máximos galardones culturales del país. Recibió la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, el Castillete de Oro del Festival del Cante de las Minas, el Premio Internacional del Flamenco Manolo Sanlúcar, el Premio Maestro del Flamenco de Berklee College of Music y el reconocimiento como Embajador del Flamenco Granadino, entre muchos otros.
La noticia ha provocado una inmediata oleada de mensajes de homenaje. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, expresó su pesar afirmando que «se apaga la guitarra de Pepe Habichuela, pero su música seguirá sonando allí donde el flamenco siga contando quiénes somos», agradeciendo además toda una vida dedicada al arte y al patrimonio cultural español. Desde el Ayuntamiento de Madrid también destacaron que «nadie hizo hablar la guitarra como Pepe Habichuela», subrayando que su música permanecerá para siempre.
Además de su extraordinaria carrera, deja una profunda huella familiar dentro del flamenco. Era padre de Josemi Carmona, miembro fundador de Ketama, y tío de Antonio Carmona, perteneciente a la misma formación, prolongando así una de las sagas más importantes de la historia del género.
Con la muerte de PEPE HABICHUELA desaparece uno de los grandes maestros de la guitarra flamenca, pero permanece una obra inmensa que seguirá inspirando a músicos y aficionados de todo el mundo. Su forma de entender el flamenco, siempre abierta a la evolución sin renunciar a sus raíces, lo convierte en una figura irrepetible cuyo eco continuará sonando mucho más allá del silencio que deja su ausencia.




