México ya está en octavos de final y lo hace escribiendo una página inédita en su historia mundialista. La selección dirigida por Javier Aguirre derrotó por 1-0 a Corea del Sur en Guadalajara y logró algo nunca antes conseguido: sumar tres victorias consecutivas en una Copa del Mundo. Además, el combinado mexicano rompió otra barrera histórica al ganar como anfitrión un partido mundialista fuera del Estadio Azteca y asegurar su clasificación a la siguiente ronda cuando todavía restan encuentros por disputarse.
No fue una exhibición de fútbol ni una noche de brillantez ofensiva. Fue una victoria construida desde el oficio, el orden y la capacidad de resistir. Un triunfo más pragmático que vistoso, más de supervivencia que de espectáculo. Pero en los Mundiales también cuentan esas noches en las que el talento se mezcla con la paciencia y una pizca de fortuna.
El encuentro arrancó con tensión y pronto quedó claro que sería una batalla física. Corea del Sur apostó por un fútbol directo y agresivo, mientras México intentaba controlar el ritmo con posesiones largas. Los primeros avisos llegaron del lado asiático y el susto más grande apareció cuando Son Heung-min ganó un balón dentro del área, aunque Edson Álvarez salvó sobre la línea con una intervención espectacular que evitó el primer gol del partido.
México respondió con una ocasión clara de Julián Quiñones, pero el guardameta Kim sostuvo a los suyos. El partido avanzó entre interrupciones, pocas ocasiones y un equilibrio constante que mantenía la tensión en el ambiente del Estadio Guadalajara.
Todo cambió en la segunda mitad. Un error entre Kim y la defensa surcoreana dejó una pelota suelta dentro del área y Luis Romo apareció donde nadie lo esperaba. Sin oposición y casi por instinto, el centrocampista empujó el balón al fondo de la red para desatar la locura en las gradas.
Con ventaja en el marcador, México retrocedió líneas y entregó el balón a Corea del Sur. Llegaron minutos de sufrimiento puro. Son intentó liderar la reacción asiática antes de abandonar el campo y los surcoreanos comenzaron a encadenar ataques constantes.
Ahí apareció otra de las figuras de la noche: Raúl Rangel. El portero mexicano sostuvo el resultado con varias intervenciones decisivas, incluida una doble parada en el tramo final que evitó el empate y alimentó la sensación de que el Mundial vuelve a tener algo especial reservado para los guardametas mexicanos.
Aguirre movió el banquillo con inteligencia, reforzó el centro del campo y permitió que México gestionara mejor los últimos minutos. También hubo espacio para el ingreso de Santiago Giménez y para un intento lejano de Obed Vargas que estuvo cerca de ampliar la ventaja.
Los minutos finales fueron una auténtica prueba de resistencia. Corea del Sur empujó hasta el último instante, pero México resistió.
El pitido final confirmó una noche histórica. El Tri está en octavos, suma pleno de victorias y alimenta la ilusión de un país entero. Hoy, en Guadalajara, el fútbol mexicano volvió a creer que este Mundial puede tener algo diferente.



