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MAYITA convierte la palabra en acción con ABRACADABRA, su nuevo viaje musical y espiritual

LILIANA MONTES

La música puede ser memoria, refugio y también una manera de intervenir en el mundo. Desde ese territorio donde la canción deja de ser únicamente sonido para convertirse en gesto nace ABRACADABRA, el tercer álbum de MAYITA, artista y compositora colombo-americana y cofundadora de Somos Sanctuary. Nueve canciones articulan un nuevo capítulo de un recorrido creativo y espiritual desarrollado durante los últimos tres años, una travesía que comenzó mirando hacia dentro, continuó abrazando lo colectivo y desemboca ahora en una idea esencial: transformar el rezo en acción.

Colombiana de nacimiento y criada en Nueva York, MAYITA ha construido su identidad artística en el cruce de culturas, generaciones, territorios y lenguajes musicales. Su obra parece caminar permanentemente entre dos orillas: recoge aquello que permanece en la memoria y lo devuelve al presente para preguntarse qué podemos hacer con lo heredado y qué mundo queremos construir a partir de ello. Esa búsqueda tomó forma en MAYA (2024), un trabajo dedicado a las raíces, la memoria ancestral, la sanación y el encuentro con la propia voz, además de plantear un llamado simbólico a los llamados Guardianes del Arcoíris.

Un año después llegó SOMOS (2025), ampliando aquella exploración individual hacia una dimensión comunitaria. Las voces comenzaron a encontrarse y el relato incorporó alianzas entre personas, pueblos, territorios y tradiciones, enlazadas alrededor de una voluntad común: cuidar la Tierra, fortalecer los vínculos humanos y poner los dones individuales al servicio de la vida. Si MAYA proponía recordar y SOMOS invitaba a reconocerse en los demás, ABRACADABRA plantea el siguiente movimiento: crear.

El propio título encierra la filosofía del álbum. La palabra aparece como una fuerza creadora capaz de preceder y acompañar la transformación, mientras la magia y la alquimia funcionan como lenguajes simbólicos para hablar del tránsito entre aquello que imaginamos y aquello que finalmente hacemos. A lo largo de sus nueve composiciones aparecen el femenino, los elementos, el amor, el perdón, las medicinas, la memoria ancestral y el encuentro con pueblos originarios. En el centro de ese universo emerge también la visión de una “Nueva Nación”, entendida desde la coherencia entre pensamiento, palabra y acción.

Nuestros pensamientos crean realidad. Nuestras palabras crean mundos. Nuestras acciones crean cultura. Y con la cultura creamos nación”, señala una de las ideas que sostienen conceptualmente el proyecto. Para MAYITA, el disco llega además en un momento de grandes transformaciones colectivas. La artista define ABRACADABRA como un recordatorio tanto del poder creador del ser humano como de la responsabilidad que acompaña a ese poder: llevar el amor que se canta a la práctica, trasladar la unidad soñada a las relaciones cotidianas y conseguir que el rezo encuentre finalmente una expresión concreta en nuestros actos.

Ese discurso espiritual encuentra su traducción musical en una producción donde conviven cantos ceremoniales y tradicionales, instrumentos orgánicos, voces, percusión, electrónica y texturas atmosféricas. El resultado busca tender un puente entre lo ancestral y lo contemporáneo sin convertir ninguno de esos mundos en simple ornamento. Detrás de esa arquitectura sonora vuelve a aparecer Eric Hoegemeyer, productor con quien MAYITA mantiene una estrecha colaboración desde MAYA y que ha acompañado durante estos tres años la evolución de un lenguaje musical cada vez más reconocible.

La compositora entiende sus canciones como registros de su propio recorrido vital. Ceremonias, maestros y mayores, familia, amor, territorios, comunidades y espiritualidad alimentan unas composiciones que, según explica, no aparecen necesariamente como piezas aisladas, sino como “códigos” cuyo significado termina revelándose con el paso del tiempo. De ahí que los tres álbumes puedan escucharse también como partes sucesivas de una misma narración: primero recordar quiénes somos, después encontrarnos con los otros y, finalmente, decidir qué hacemos con todo aquello que hemos aprendido.

ABRACADABRA completa así una suerte de trilogía conceptual que comenzó con la introspección de MAYA y se abrió al sentimiento comunitario de SOMOS. Pero el nuevo trabajo de MAYITA no parece interesado en colocar un punto final. Más bien abre otra puerta. Después de buscar las raíces y reconocer la fuerza de lo colectivo, llega el momento de convertir la intención en movimiento. La palabra mágica del título deja entonces de pertenecer al terreno de la ilusión: se transforma en una invitación a crear, cuidar y actuar.

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