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Lukaku reinventa a Bélgica

Bélgica arrancó su camino en el Mundial con más preguntas que respuestas. El conjunto dirigido por Rudi Garcia no pasó del empate (1-1) frente a una Egipto valiente, ordenada y muy competitiva que llegó a dominar gran parte del encuentro y estuvo cerca de firmar una victoria histórica. Solo la entrada de Romelu Lukaku cambió el rumbo de un partido que los belgas tuvieron durante muchos minutos completamente fuera de control.

La principal novedad del seleccionador belga fue apostar por un sistema sin un delantero centro de referencia, alejándose del modelo que durante años giró alrededor de Lukaku. La decisión no dio resultado y Bélgica sufrió especialmente en la construcción ofensiva.

Egipto interpretó el partido con inteligencia desde el primer minuto. El planteamiento del técnico Hassan pasó por minimizar la influencia de Kevin De Bruyne mediante una vigilancia constante y permitir más protagonismo a Onana, que nunca encontró ritmo ni velocidad en la circulación. Bélgica monopolizaba el balón, pero sin profundidad ni claridad.

Mientras tanto, los Faraones demostraban personalidad con la posesión y criterio para elegir cuándo acelerar. Mohamed Salah, actuando con libertad por detrás del punta, encontró espacios y generó peligro. En una de sus primeras intervenciones relevantes filtró un balón hacia Ashour, que aprovechó el espacio en la frontal para sacar un potente disparo imposible para Courtois y adelantar a Egipto.

Lejos de replegarse tras el gol, el conjunto africano siguió manteniendo el control emocional del encuentro. Cerró espacios sobre Trossard y Doku y castigó las pérdidas belgas con transiciones rápidas. Incluso Ziko estuvo cerca de ampliar diferencias antes del descanso, aunque Courtois evitó el segundo con una gran intervención.

Tras el paso por vestuarios, Bélgica mejoró ligeramente y generó más presencia ofensiva. De Bruyne estuvo cerca del empate con una falta que golpeó el poste, pero Egipto respondió con nuevas llegadas lideradas por Salah y Marmoush.

La reacción definitiva llegó en el minuto 65 con la entrada de Lukaku. Apenas unos segundos después, una acción del delantero del Nápoles provocó el empate: su irrupción en el área obligó a Hany a intervenir de manera forzada y el defensa terminó introduciendo el balón en su propia portería.

Con Lukaku sobre el césped, Bélgica mostró otra energía y más capacidad para fijar a la defensa rival. Sin embargo, Egipto no renunció al ataque y siguió generando ocasiones hasta el final.

El empate deja abierta la situación del grupo y, sobre todo, alimenta el debate sobre si Bélgica puede permitirse renunciar al futbolista que durante años ha sido su gran referencia ofensiva.

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