Erling Braut Haaland ya tiene su primera gran noche en un Mundial. El delantero noruego no desaprovechó el escenario más esperado y lideró el regreso triunfal de Noruega a una Copa del Mundo con una contundente victoria por 1-4 frente a Irak. Con un doblete y una actuación decisiva, la estrella del Manchester City escribió una nueva página en la historia del fútbol de su país y acabó con una espera de 28 años sin celebrar un triunfo mundialista.
El encuentro comenzó lejos del guion esperado. Irak salió sin complejos, con una presión alta y una propuesta valiente que incomodó durante muchos minutos al conjunto dirigido por Ståle Solbakken. Los llamados leones de Mesopotamia encontraron espacios y obligaron a intervenir al guardameta Nyland, que sostuvo a los escandinavos cuando más dudas generaban.
El empuje iraquí, sin embargo, se encontró con el futbolista que cambia partidos con una sola aparición. Haaland irrumpió en el momento justo. El delantero apareció en el segundo palo para empujar un balón prácticamente sobre la línea y firmar el primer gol noruego en una Copa del Mundo en casi tres décadas.
Con el marcador abierto, Noruega comenzó a encontrar espacios y el desequilibrio de Nusa por las bandas empezó a inclinar el encuentro. Pero Irak no renunció. Su capitán, Aymen Hussein, respondió con un espectacular cabezazo que silenció durante unos minutos a la afición noruega y devolvió la igualdad al partido.
La reacción europea fue inmediata. Haaland volvió a aparecer antes del descanso para castigar un error defensivo y devolver la ventaja a los suyos. El delantero mostró una versión implacable, confirmando que también está preparado para marcar diferencias en el mayor escenario del fútbol internacional.
Tras el paso por vestuarios, Irak mantuvo la intención ofensiva, aunque el desgaste físico comenzó a pasar factura. Noruega controló mejor el partido y terminó de sentenciar gracias al juego aéreo. Ostigard, recién ingresado desde el banquillo, amplió distancias con un remate de cabeza tras un balón parado.
Ya en el tramo final, otro saque de esquina terminó con un desafortunado gol en propia puerta de Irak que cerró el definitivo 1-4.
Noruega arranca así el Mundial con autoridad, ilusión y una evidencia difícil de ignorar: cuando Haaland aparece, todo parece posible.



