FERNANDO J. LUMBRERAS
Hay canciones que no preguntan, que simplemente aparecen para empujarte a dar un paso más allá. “Sácame a bailar”, el nuevo lyric video de Sweet Q, es exactamente eso: una invitación a dejarse llevar, a lanzarse sin miedo a lo desconocido y a vivir sin calcular cada movimiento, fluyendo al ritmo de lo que dicta la intuición. El trabajo audiovisual refuerza el espíritu del tema y su mensaje central, convirtiéndose en un refugio emocional donde la música marca el camino y las dudas se disuelven.
Este estreno marca oficialmente el inicio de la cuenta atrás hacia “Que solo nos quede ganar”, el primer LP de la banda madrileña, que verá la luz el próximo 30 de enero. Un disco largamente esperado que llega tras una serie de adelantos con los que Sweet Q ha ido mostrando las distintas caras de su universo sonoro, construyendo poco a poco una identidad reconocible y honesta. La presentación oficial del álbum en directo tendrá lugar en Madrid el 26 de marzo, una fecha clave que ya se perfila como un momento decisivo en su trayectoria.
Dentro del conjunto del disco, “Sácame a bailar” se presenta como uno de los temas más luminosos y sinceros, una canción que apuesta por la emoción directa y por esa sensación de vértigo placentero que aparece cuando uno decide avanzar sin saber muy bien hacia dónde. El lyric video funciona como un espacio de pausa y conexión, una forma de detener el tiempo para escuchar con atención y dejar que el mensaje cale sin prisas ni artificios.
El lanzamiento llega además en el tramo final de un año determinante para el crecimiento y la consolidación de Sweet Q dentro de la escena. Nuevas canciones, conciertos y oyentes han ido trazando un recorrido firme que ahora desemboca en su proyecto más ambicioso hasta la fecha. Todo lo vivido parece confluir en este debut en largo, llamado a ser un punto de inflexión para la banda.
Con “Sácame a bailar”, Sweet Q no solo presenta un nuevo tema, propone una forma de estar en el mundo: arriesgar, sentir y avanzar, incluso cuando el mapa no está del todo claro. Y mientras se acerca enero, la invitación queda suspendida en el aire, insistente y luminosa: bailar, aunque no sepamos muy bien hacia dónde vamos.




