FANÁTICOS desafía las etiquetas en ‘Se nos acaba el tiempo’, su álbum más ambicioso

FERNANDO J. LUMBRERAS

El reloj corre, los recuerdos se acumulan y algunas canciones parecen empeñadas en salvar del olvido aquello que la vida va dejando atrás. FANÁTICOS regresa con Se nos acaba el tiempo, su quinto álbum de estudio, una obra de dimensiones poco habituales en la música actual: 25 canciones y 85 minutos con los que la banda valenciana abre una etapa marcada por la libertad creativa y por el deseo de ensanchar las fronteras de su propio sonido.

El título funciona también como declaración de principios. Se nos acaba el tiempo nace alrededor de una certeza tan sencilla como incómoda: el tiempo avanza sin pedir permiso. Desde esa idea, el grupo construye un recorrido por las relaciones, los recuerdos, las despedidas, los instantes compartidos y esas huellas que permanecen cuando todo lo demás parece condenado a desaparecer. Más que una colección de canciones, el disco ha sido concebido como un viaje que reclama ser escuchado de principio a fin, dejando que cada pieza encuentre su lugar dentro de una historia mayor.

La nueva obra llega, además, después de años en los que FANÁTICOS ha buscado conquistar un territorio artístico completamente propio. Luis Pérez reconoce que esa independencia ha sido una de las grandes batallas de la formación, especialmente después de atravesar etapas condicionadas por decisiones externas, oportunidades que no terminaban de materializarse y personas que, aun con buenas intenciones, podían terminar influyendo en el rumbo de un proyecto que pertenecía esencialmente a la banda.

Esa búsqueda desemboca ahora en un disco que renuncia conscientemente a las etiquetas. FANÁTICOS no quiere encerrarse dentro de un único género ni obedecer las fronteras que a menudo impone la industria. Las guitarras pueden convivir con la electrónica, el pop puede desembocar en territorios más oscuros y una canción puede transformarse hasta resultar difícil de clasificar. Juanjo Rico resume esa filosofía con una idea que atraviesa todo el proyecto: por encima de los géneros están las canciones.

Esa libertad convierte Se nos acaba el tiempo en una fotografía especialmente amplia del momento creativo que vive el grupo. Con más de una hora y veinte minutos de música, FANÁTICOS se permite explorar diferentes atmósferas sin perder el hilo emocional que sostiene el álbum. La banda mira hacia adelante sin borrar las cicatrices del camino, utilizando precisamente el paso del tiempo como materia prima para preguntarse qué permanece después de las despedidas, qué queda de las relaciones y cuánto de nosotros sobrevive en la memoria de quienes compartieron alguna parte del viaje.

El lanzamiento también tendrá su prolongación sobre los escenarios. FANÁTICOS presentará Se nos acaba el tiempo mediante dos formatos de directo diferentes: eléctrico y acústico, una decisión que permitirá descubrir dos rostros de un mismo repertorio. En los conciertos eléctricos aparecerá la vertiente más poderosa del grupo, con las guitarras, los decibelios y la intensidad que han formado parte de su identidad desde sus primeros pasos.

El acústico llevará las canciones hacia el extremo contrario. Despojadas de parte de su arquitectura instrumental, las composiciones buscarán una relación más íntima y cercana con el público, dejando que las melodías, las letras y las emociones respiren de otra manera. Dos formas de enfrentarse al mismo álbum y, quizá, también dos maneras de observar ese reloj que inspira todo el proyecto.

Porque Se nos acaba el tiempo habla precisamente de eso: de cuanto intentamos conservar mientras los días continúan avanzando. FANÁTICOS parece haber encontrado su respuesta en la música. Si el tiempo inevitablemente se escapa, siempre queda la posibilidad de convertirlo en canciones.

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