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El ritmo y la magia de ELENA ROSE calan en Madrid con un concierto fantástico

FERNANDO ALONSO

El martes 7 de abril de 2026, a las 21:00 horas, la sala Riviera de Madrid se transformó en un espacio de conexión, emoción y celebración colectiva con la llegada de Elena Rose, una de las artistas más consolidadas del panorama actual y, sin duda, dueña de uno de los shows más cercanos y vibrantes del momento.

Desde los primeros acordes, el ambiente se cargó de energía. La artista abrió el concierto con temas como “Otro Huevón” y su reciente sencillo “TUTUTU”, en colaboración con Alleh. Fue precisamente durante este último cuando, al llegar a la frase “y después terminar en las calles de Madrid”, Elena no pudo evitar reír, provocando una ola de gritos que evidenciaban la complicidad inmediata con su público.

El repertorio continuó con éxitos como “Amén Bebé” y Sintigo”, coreados con intensidad por los asistentes. En uno de los primeros descansos, la artista dejó a un lado la música para compartir un momento más íntimo, hablando sobre la importancia de Dios en su vida, los desafíos que ha enfrentado y el proceso que la llevó a convertirse en la mujer fuerte, carismática y auténtica que hoy representa sobre el escenario.

El show avanzó con un cambio de vestuario que marcó uno de los momentos más simbólicos de la noche: Elena apareció con sus características alas de ángel, una imagen que ya forma parte de su identidad artística y que refleja su fe y su concepto de luz personal. En este punto, la interacción con el público alcanzó otro nivel. Ivette, una asistente elegida entre la multitud, subió al escenario para cantar junto a ella. El momento se volvió casi ceremonial cuando Elena invitó al público a repetir unas palabras a modo de plegaria antes de interpretar juntas “Me lo merezco”, generando una atmósfera de conexión difícil de olvidar.

La artista también aprovechó para destacar la diversidad de su audiencia. Comentó que el 85% de sus oyentes en Spotify son mujeres, pero no dejó fuera a los hombres, a quienes dedicó el tema “El Hombre”, en un gesto que reforzó el sentido de inclusión y cercanía que dominó toda la velada.

Sin embargo, uno de los instantes más inesperados y emotivos llegó cuando, durante la interpretación de “Luna de miel”, Elena invitó a una pareja al escenario para bailar. En medio de la canción, una de las chicas se arrodilló y le propuso matrimonio a su pareja. La respuesta afirmativa desató un estallido de gritos, aplausos y lágrimas entre los asistentes, convirtiendo ese instante en uno de los más memorables de la noche.

Así, entre música, confesiones, risas y momentos profundamente humanos, el concierto de Elena Rose se consolidó como una experiencia íntima y altamente interactiva, donde la artista no solo interpretó sus canciones, sino que construyó, junto a su público, un espacio de emoción compartida que difícilmente será olvidado por quienes estuvieron presentes.

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