Brasil evitó el tropiezo en su debut mundialista gracias a una genialidad de Vinicius Júnior, suficiente para rescatar un empate ante una Marruecos atrevida que durante muchos minutos desnudó las costuras del nuevo proyecto de Carlo Ancelotti. El 1-1 final deja sensaciones encontradas para una Canarinha que fue claramente de menos a más, pero que volvió a abrir interrogantes en el centro del campo y evidenció que aún necesita tiempo para encontrar una identidad sólida.
El MetLife Stadium apareció teñido de amarillo para recibir a una selección brasileña que estrenaba nuevas piezas y nuevas ideas. Ancelotti sorprendió con la entrada de Ibañez y Douglas Santos en defensa y apostó por Igor Thiago como referencia ofensiva. Sobre el papel, una propuesta más física y equilibrada. Sobre el césped, durante buena parte del primer tiempo, una selección desconectada.
Marruecos interpretó mejor el partido desde el inicio. La presión y la superioridad numérica en el centro del campo ahogaron a Casemiro y Bruno Guimarães, mientras Paquetá nunca encontró espacios entre líneas ni logró activar a Vinicius y Raphinha. Brasil sufrió para salir jugando y empezó a transmitir más dudas que autoridad.
Los avisos africanos no tardaron en llegar. Primero resistió Brasil casi bajo palos y después llegó el golpe. Brahim firmó una acción de enorme calidad con un pase filtrado que rompió la defensa brasileña y dejó a Saibiri ante Alisson. El atacante marroquí resolvió con sangre fría para firmar el 0-1 y congelar a una grada que esperaba una puesta en escena mucho más dominante.
Ancelotti reaccionó desde la banda. El parón para hidratarse sirvió para reorganizar piezas, reforzar el medio y devolver algo de control a Brasil. Y cuando más incómoda parecía la situación apareció el futbolista que sostiene muchas de las ilusiones brasileñas. Bruno Guimarães encontró una grieta entre líneas y Vinicius hizo el resto: conducción, desequilibrio y un disparo imparable para superar a Bono y devolver el empate antes del descanso.
La segunda mitad mostró una versión más reconocible de Brasil. Ancelotti protegió a los amonestados, movió el banquillo y encontró mayor fluidez ofensiva. Igor Thiago tuvo una ocasión clara antes de dejar su lugar a Matheus Cunha y Raphinha pasó a ocupar posiciones más agresivas para explotar su velocidad.
Brasil empujó más que generó. Las ocasiones llegaron, pero faltó precisión en el último toque. Marruecos también perdió presencia ofensiva tras una sustitución sorprendente de Brahim cuando aún parecía uno de los futbolistas más peligrosos sobre el campo.
En los minutos finales el partido se abrió definitivamente. Cunha y Danilo rondaron el gol brasileño y Alisson apareció con una intervención decisiva para evitar un desenlace mucho más amargo.
Brasil salvó el estreno y evitó el susto mayor, pero el empate deja claro que el margen de mejora es amplio. Vinicius sostuvo el resultado con una acción de estrella, aunque Ancelotti sabe que necesita mucho más que destellos individuales si quiere convertir a esta selección en candidata real al título. El Mundial apenas empieza, pero el reloj ya corre.
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