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CORA YAKO convierte la herida generacional en catarsis eléctrica con Mil Pequeños Cortes

LILIANA MONTES

Tres años después de su anterior álbum, CORA YAKO regresa con Mil Pequeños Cortes, un trabajo que no se escucha: se siente. Once canciones que funcionan como instantáneas emocionales de toda una generación, atrapando el vértigo de los veintitantos en la ciudad, el amor que quema y la soledad que no avisa, las fiestas que terminan demasiado pronto y esa nostalgia que se instala sin pedir permiso. El nuevo disco verá la luz el próximo 20 de febrero y supone un paso firme en la consolidación artística del grupo dentro de la escena nacional.

Mil Pequeños Cortes es, en palabras no dichas pero evidentes, un álbum para los juguetes rotos, para quienes crecen con la sensación de que algo no termina de encajar. CORA YAKO pone música a esa herida cotidiana, pequeña pero persistente, y la convierte en una catarsis compartida. Aquí no hay moralejas ni soluciones fáciles: hay preguntas abiertas, guitarras afiladas y un pulso que late entre la euforia y la melancolía. Es un disco que abraza la contradicción, que transita con naturalidad de la música ligera al estallido más crudo, generando esa sensación de no saber muy bien qué está pasando… pero en el mejor de los sentidos.

Autoproducido por los propios integrantes del grupo, Carlos Sennacheribbo y Luis de Oleza, y grabado en su propio estudio a lo largo de dos años, el álbum destila honestidad y riesgo creativo. Cada detalle ha sido cuidado con precisión artesanal, apostando por un sonido directo y emocional que no esconde las costuras, sino que las exhibe como parte del relato. Alegría, tristeza, energía y nostalgia conviven en un equilibrio inestable que refleja el caos luminoso de esta nueva etapa. El resultado es un trabajo que pide escenario, pogo y gargantas rotas coreando versos que son auténticos puñales al corazón.

Desde su debut y tras su disco homónimo de 2023, CORA YAKO ha sabido moverse entre el ruido de guitarras y las melodías pop con una naturalidad casi instintiva. Tras una intensa gira, la banda abre ahora una fase más madura, más consciente y también más emocional. Mil Pequeños Cortes no pretende reinventar el manual del indie rock, pero sí reafirmar una identidad propia, una voz que canta a la melancolía y a la destrucción con una energía que desarma. Tienen la capacidad de hacerte llorar, gritar, sudar y saltar en cuestión de minutos. Y eso no es casualidad.

El directo será el verdadero termómetro de este nuevo repertorio. El 27 de marzo, el grupo presentará el álbum en el emblemático Teatro Eslava, primera gran cita de una gira que ya empieza a sumar fechas a lo largo del año. Todo apunta a que estas canciones encontrarán su dimensión definitiva frente al público, allí donde la distorsión se convierte en abrazo colectivo.

Con Mil Pequeños Cortes, CORA YAKO no ofrece respuestas. Ofrece compañía. Y en tiempos de incertidumbre emocional, eso es mucho más valioso que cualquier consuelo prefabricado.

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