Ya no quedan ensayos largos ni tiempo para grandes revoluciones. El reloj del Mundial ha comenzado a correr y Colombia quiso abrir ese tramo definitivo hacia la gran cita con una imagen reconocible: fútbol ofensivo, rotaciones medidas y una despedida cargada de emoción ante su gente. Más de 30.000 aficionados llenaron el estadio El Campín de Bogotá para acompañar a una selección que respondió con una victoria por 3-1 frente a Costa Rica y dejó señales alentadoras de cara al debut mundialista.
El encuentro sirvió para que Néstor Lorenzo siguiera afinando piezas y repartiendo minutos entre gran parte de los convocados. Colombia asumió el control desde el inicio, dominando la posesión y tratando de encontrar espacios ante una selección costarricense ordenada atrás y dispuesta a cerrar líneas. Luis Díaz y Juan Camilo Hernández fueron los primeros en buscar desequilibrios desde el talento individual y las conexiones rápidas desde la medular.
Sin embargo, el primer aviso serio llegó desde el otro lado. Aarón Salazar encontró espacio por la izquierda y soltó un disparo cruzado que pasó cerca del arco defendido por Camilo Vargas, generando el primer sobresalto de la noche.
La reacción colombiana fue inmediata. En una de esas jugadas que tantas veces cambian el ritmo emocional de un estadio, un saque de esquina ejecutado por Luis Díaz encontró el movimiento perfecto de Davinson Sánchez, que apareció con potencia para anticiparse y firmar de cabeza el 1-0. El Campín explotó y Colombia empezó a sentirse cómoda.
Con confianza renovada, el segundo golpe llegó poco después. Un error en la salida de Costa Rica fue castigado por la presión alta colombiana: recuperación de Carlos Andrés Gómez, circulación rápida con Richard Ríos y Carrascal y aparición de Luis Díaz para enganchar y definir con calidad. Un gol que confirmó el buen momento del extremo y elevó la temperatura futbolística de una noche que ya tenía aroma mundialista.
Costa Rica logró reducir diferencias antes del descanso gracias a una acción colectiva que terminó con Soto enviando el balón a la red tras un doble cabezazo dentro del área. Camilo Vargas rozó el milagro, pero el remate llegó demasiado cerca.
Tras el descanso apareció otro de los objetivos del amistoso: probar nuevas sociedades. Los ingresos de Jhon Arias, Luis Javier Suárez, Jhon Lucumí y James Rodríguez aportaron dinamismo y permitieron ver una versión más vertical del equipo. Especialmente prometedora fue la conexión entre James, Díaz y Suárez, una sociedad que dejó destellos de lo que Colombia quiere mostrar en el Mundial.
Con el resultado a favor y el torneo cada vez más cerca, la Tricolor eligió administrar esfuerzos sin perder el control. El equipo manejó los tiempos, protegió la ventaja y esperó el momento adecuado para sentenciar.
Ese instante llegó en el minuto 81. James Rodríguez levantó la cabeza desde campo propio y dibujó un pase largo de esos que parecen detener el tiempo. Luis Suárez atacó el espacio, ganó el cuerpo a cuerpo y definió con un zurdazo feroz que golpeó el travesaño antes de entrar. Un gol de delantero puro para cerrar la fiesta y dejar una sensación de ilusión creciente.
Ahora Colombia continuará concentrada en Bogotá hasta el 4 de junio, fecha en la que viajará hacia San Diego para disputar un nuevo amistoso frente a Jordania antes de poner rumbo definitivo al Mundial. La cuenta atrás ya está en marcha.



