LILIANA MONTES
Cuba cabe en diez canciones. Cabe en el golpe de una clave, en la cadencia de un bolero cuando la noche empieza a quedarse vacía, en un son que obliga a mover los pies y en una voz que ha recorrido medio mundo sin olvidar el lugar del que salió. ARAHÍ MARTÍNEZ reúne todos esos paisajes en Con Toque Cubano, su nuevo álbum, publicado el pasado 24 de agosto, una obra en la que la tradición deja de mirar hacia atrás para convertirse en punto de partida.
Porque lo cubano, para Arahí, no parece necesitar pasaporte ni explicación. Se reconoce. Se escucha. Se lleva dentro. «Ese toque que no se aprende: se siente, se hereda, se lleva en la sangre», afirma la cantante. Y probablemente ahí se encuentre la mejor puerta de entrada a un disco que atraviesa el son cubano, el bolero, la salsa, el jazz y las músicas de raíz mientras permite que cada género respire fuera de sus fronteras habituales.
Con Toque Cubano reúne diez canciones que hablan de amor, de vida y de esa misteriosa capacidad que posee la música para convertir las emociones en ritmo. Pero detrás de ellas existe una idea todavía más profunda: la cubanía entendida como algo vivo, cambiante y dispuesto a conversar con el presente. No hay nostalgia inmóvil. Hay memoria, naturalmente, pero una memoria que baila. Junto a Arahí aparecen Lino, Armando, Manuel, Simone, Piti, David, Peña y Raudel, compañeros de viaje de un álbum construido desde la complicidad musical.
Quizá esa manera de entender las raíces tenga que ver con que Arahí prácticamente aprendió a caminar al mismo tiempo que aprendía a subirse a un escenario. Nació en Santa Clara, dentro de una familia de músicos, y comenzó a actuar con apenas cuatro años. La música no llegó después: estaba allí desde el principio. Más de tres décadas de carrera han terminado llevando aquella primera vocación por escenarios de más de 25 países.
En ese recorrido ocupa un lugar especial Anacaona, la histórica orquesta femenina cubana, de la que Arahí fue cantante principal y con la que recorrió más de 23 países. Aquella experiencia forma parte de una trayectoria que después continuaría creciendo entre festivales internacionales, jazz, músicas de raíz y proyectos vinculados a la cultura cubana, además de incursiones en el cine, el teatro y la televisión.
Los kilómetros, sin embargo, no borraron el acento musical. Instalada actualmente en España, Arahí ha seguido tendiendo puentes entre las dos orillas mediante proyectos como Dúo Las Carranza, Alma Cubana y Las Estrellas de Buena Vista. Su música parece habitar precisamente ahí, en ese territorio donde el recuerdo de la isla se encuentra con todo aquello aprendido durante el viaje.
Ahora ese viaje tendrá una parada especialmente cercana. El próximo 17 de octubre, ARAHÍ llevará Con Toque Cubano al Babylon Jazz Club de Madrid, donde actuará a partir de las 20:00 horas. Será la oportunidad de trasladar las diez canciones del álbum al lugar en el que probablemente mejor puede comprenderse una música nacida del ritmo: el escenario.
La cantante llegará en formato cuarteto para construir un directo en el que las nuevas composiciones convivirán con canciones propias y clásicos cubanos y latinoamericanos revisitados desde el presente. Son, jazz y latin jazz se cruzarán en un repertorio que viajará desde los momentos más desnudos, con la voz ocupando prácticamente todo el espacio, hasta aquellos en los que el ritmo tome el mando y permanecer sentado empiece a convertirse en una tarea complicada.
No será únicamente la presentación de un disco. Sobre el escenario habrá también fragmentos de una biografía: Santa Clara, Anacaona, los viajes, los escenarios internacionales, España y una vida entera aprendiendo que las raíces no son cadenas, sino impulso.
Y quizá por eso el título del álbum diga mucho más de lo que parece. Tener toque cubano no consiste solamente en interpretar determinados ritmos. Es una forma de colocar el cuerpo frente a la música, de comprender el tiempo, de cantar una pena sin renunciar al baile. Arahí lleva más de treinta años haciéndolo.
El 17 de octubre en Madrid, cuando suenen las primeras notas en Babylon Jazz Club, Cuba estará a miles de kilómetros. Pero durante unas horas puede que parezca mucho más cerca.




