FERNANDO J. LUMBRERAS
Las canciones también pueden abandonar el lugar en el que nacieron y empezar otra vida. Después de más de tres décadas recorriendo radios, discos, conciertos y recuerdos personales de varias generaciones, el repertorio de ALEJANDRO SANZ da el salto al teatro con El Alma al Aire, un musical construido alrededor de su universo creativo que se estrena este 1 de octubre en Madrid y supone, además, la primera producción española de Stage Entertainment.
El proyecto llega después de cuatro años de trabajo con una premisa que marca distancias con el habitual musical biográfico: sobre el escenario no se contará la vida de Alejandro Sanz. Sus canciones serán las encargadas de prestar palabras, emociones y memoria a personajes que nada tienen que ver directamente con la biografía del cantante. Es, de algún modo, la prueba de fuego de cualquier gran repertorio: comprobar qué ocurre cuando una canción deja de pertenecer a quien la escribió y comienza a explicar la vida de otros.
La acción conduce al espectador hasta Gazulea, un imaginario pueblo pesquero inspirado en Alcalá de los Gazules, en Cádiz, un rincón donde la cobertura telefónica todavía parece asunto del futuro y en el que realidad y fantasía conviven con naturalidad. Allí nace una historia tragicómica atravesada por el amor, el desamor, las raíces y el sentimiento de pertenencia, mientras el libreto esconde pequeños guiños a la trayectoria de Sanz destinados especialmente a quienes llevan años acompañando sus canciones.
Bajo la dirección de Jonathan Kent, la música funciona como verdadera columna vertebral de la obra. El desafío no consiste únicamente en encadenar grandes éxitos, sino en conseguir que canciones profundamente instaladas en la memoria colectiva adquieran un significado diferente dentro de una nueva historia. El libreto busca precisamente que el público pueda enfrentarse a ellas con otros ojos, como si aquellas melodías tantas veces escuchadas acabaran de ser descubiertas.
La escritura de El Alma al Aire lleva la firma de Álvaro Tato, quien ha descrito el proceso creativo como un aprendizaje constante y ha resumido su experiencia junto al músico con una frase contundente: «Ha sido un placer trabajar con un genio». El texto se apoya en un amplio elenco y utiliza las composiciones de Sanz no como una sucesión de números musicales, sino como parte del lenguaje dramático de los personajes.
Para Alejandro Sanz, contemplar cómo sus canciones terminan contando vidas diferentes a la suya tiene algo de culminación artística. El músico define la experiencia como «el sueño de cualquier compositor» y reconoce que el resultado ha superado sus propias expectativas. Durante años sus letras dejaron puertas abiertas para que cada oyente pudiera habitarlas a su manera; ahora esa libertad interpretativa cambia los auriculares y los grandes estadios por las tablas de un teatro.
Entre los momentos que más han sorprendido al propio artista se encuentran «Hoy llueve, hoy duele», por la manera en que ha sido trasladada escénicamente, y «A la primera persona», cuya intensidad plantea uno de los grandes desafíos emocionales del montaje. Son dos ejemplos de cómo canciones nacidas en otro contexto pueden transformarse cuando una historia, unos personajes y un escenario se apropian de ellas.
El estreno de El Alma al Aire pone así un nuevo destino en el mapa de una carrera que durante 2026 también ha mantenido a Alejandro Sanz sobre los escenarios con su gira. Más de dos horas de espectáculo convertirán ahora su cancionero en materia teatral, tendiendo un puente entre quienes conocen cada verso de memoria y quienes se acerquen a esas composiciones desde la butaca de un musical.
Después de treinta años, las canciones de Alejandro Sanz ya pertenecen inevitablemente a muchas vidas. El Alma al Aire parte precisamente de esa idea: permitir que abandonen por unas horas la voz que las hizo famosas para entrar en otras historias. Esta vez no será Alejandro quien viva dentro de sus canciones. Serán sus canciones las que vivan dentro de otros.




