LILIANA MONTES
El merengue vuelve a vestirse de fiesta, pero también de memoria, emoción y futuro. OMAR ENRIQUE y OMAR ACEDO unen sus voces y trayectorias en «Vida», una producción discográfica con la que los dos artistas venezolanos reivindican la vigencia de un género que continúa encontrando nuevos caminos sin desprenderse de sus raíces.
El álbum está integrado por nueve canciones que recorren diferentes matices del merengue contemporáneo, conjugando el sabor tradicional del género con una producción concebida para competir dentro del mercado musical actual. Detrás de su arquitectura sonora se encuentra el productor dominicano Moisés Sánchez, ganador del Latin Grammy, responsable de la producción musical y de la grabación de los instrumentos.
Sánchez ha mostrado su confianza en la alianza artística de los dos intérpretes, bautizados en torno a este proyecto como «Los Omares», y ha destacado la calidad alcanzada en el estudio. «Estoy seguro de que estos exponentes del merengue darán mucho de qué hablar en los próximos meses», señaló el productor, convencido del recorrido que puede alcanzar el álbum.
La primera puerta abierta hacia este nuevo universo musical ha sido «Nada cambiará mi amor por ti», una revisión en clave de merengue del conocido clásico popularizado por Glenn Medeiros. La canción, producida por Moisés Sánchez y mezclada por Ramsés Alegría, ha encontrado una destacada acogida en las emisoras venezolanas, convirtiéndose en la carta de presentación de una colaboración que apuesta por recuperar melodías reconocibles y conducirlas hacia nuevos territorios.
El lanzamiento llegó además acompañado por un videoclip dirigido por Poe Polanco que ha superado el millón de reproducciones en plataformas digitales, reforzando el impacto inicial de una producción que no pretende limitar su recorrido a Venezuela.
«Vida» despliega después un repertorio formado por «Cuéntale», «Mi gran amor», «La culpa es mía», «El amor no está de moda», «40 y entera», «Aguardiente» y «Perdóname mi amor», además de la canción que da título al disco. Historias de amor, celebración y desamor se suceden sobre una columna vertebral rítmica que permite a OMAR ENRIQUE y OMAR ACEDO mostrar diferentes registros interpretativos.
Precisamente «Vida» será uno de los grandes ejes promocionales del proyecto, con una estrategia destinada a ampliar la presencia de los artistas en mercados especialmente vinculados con la música tropical como Colombia, Ecuador, Panamá, República Dominicana y Venezuela. El objetivo es que el álbum encuentre su espacio más allá de las fronteras venezolanas y se incorpore a la conversación internacional alrededor del merengue actual.
La dimensión internacional también está presente en la propia construcción del disco. OMAR ENRIQUE y OMAR ACEDO asumieron la producción ejecutiva y creativa junto a un equipo en el que figuran Jonathan Ramírez, Diego Herrera, Ramsés Alegría «Súbele Ram» y Moisés Sánchez. En la instrumentación participaron Juan Daniel Moreno al bajo, Dael Alcántara al saxo, Frank de Oleo en las trompetas y Sánchez al piano.
El proceso de grabación dibujó además un puente musical entre Venezuela, República Dominicana y Estados Unidos. Las voces fueron registradas en ES Estudio Audiovisual de Caracas y los instrumentos en IM Estudios de Santo Domingo, mientras que el mastering quedó en manos de Boris Milán en Estados Unidos, buscando proporcionar al trabajo un acabado de estándar internacional.
La distribución mundial corre a cargo de La Oreja Media Group, liderada por Porfirio «Popi» Piña, mientras que Lizandro Nava asumió la producción general. Una maquinaria artística y técnica construida alrededor de dos voces que encuentran en el merengue un territorio común desde el que mirar hacia adelante.
Con «Vida», OMAR ENRIQUE y OMAR ACEDO no se limitan a compartir un disco. Convierten sus respectivas trayectorias en un encuentro musical donde la experiencia dialoga con la renovación, mientras las trompetas, el piano y la percusión recuerdan que hay géneros capaces de atravesar generaciones sin perder el pulso. Porque algunas músicas parecen hechas precisamente para eso: para acompañar la vida mientras sucede.




