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DAVILE, alma garrapatera y coautor de Los Delinquëntes, fallece a los 50 años

FERNANDO J. LUMBRERAS

El flamenco festivo pierde una de sus voces más queridas y menos visibles, pero decisivas. David de la Chica, conocido artísticamente como Davile, ha fallecido a los 50 años tras una larga lucha contra una enfermedad, según ha comunicado Los Delinquëntes a través de sus redes sociales. Con su marcha se apaga una llama esencial del universo garrapatero, ese territorio musical donde el flamenco se cruza con el rock, el blues y la poesía cotidiana, siempre desde la alegría, el descaro y la verdad.

“Queridos garrapateros, lamentamos comunicar con profundo dolor y pesar el fallecimiento de nuestro amigo David de la Chica ‘Davile’”, escribía la banda en un mensaje cargado de emoción. Cantante de Palocortao, músico de La Banda del Ratón y coautor de canciones que ya forman parte de la memoria colectiva, Davile fue pieza clave en temas como Tabanquero, Amor Plutónico o Pirata del Estrecho, canciones que siguen sonando a verano eterno, a calle y a libertad.

En el mismo comunicado, el grupo ha querido subrayar la entereza del artista hasta el final: “David ha peleado hasta el último momento, siempre haciendo gala de su particular sentido del humor”. La pasada madrugada, en el hospital, Davile se fue en silencio, dejando tras de sí un legado que no entiende de cifras ni de focos, pero sí de autenticidad. “Siempre estarás en nuestros corazones”, concluyen, como quien no se despide del todo.

Las muestras de cariño no han tardado en multiplicarse. Tomasito ha querido recordar al compositor desde lo personal y lo artístico: “Un gran amigo, buen compañero, buen músico y un pedazo de poeta”. Sus palabras resuenan con especial fuerza cuando confiesa que al menos le queda el consuelo de haber cantado algunas de sus canciones, como Soy un limón, compuesta por Davile, y que hoy suenan distintas, más hondas, más frágiles.

También El Canijo de Jerez, corazón visible de Los Delinquëntes, ha compartido una despedida tan íntima como poética, incapaz aún de asumir la pérdida. Habla de mariposas, de vacío y de la imposibilidad de despedirse en persona. “Vaya palazo nos has dao, compare”, escribe, dejando claro que la ausencia de Davile no es solo profesional, sino profundamente humana.

En el arte garrapatero, la aportación de David de la Chica fue fundamental, una de esas presencias que sostienen el edificio sin hacer ruido, que escriben versos que otros cantan, que construyen identidad desde la trastienda. Hoy el flamenco festivo se queda un poco más serio, un poco más huérfano, pero también más agradecido por haber tenido a Davile entre sus filas, regalando canciones que seguirán vivas mientras alguien las tararee sin darse cuenta.

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