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CELTIAN, la fuerza de unas raíces que ya anuncian nuevos horizontes

NATASHA CAMPOS

El escenario de La Riviera guarda ahora un capítulo importante en la historia de CELTIAN. Entre sus paredes, la banda madrileña convirtió años de canciones, incertidumbres y sueños en una noche destinada a permanecer en la memoria. Aquel concierto regresa convertido en Desde las raíces, su primer trabajo en directo, una obra que tiene tanto de celebración como de declaración de principios. Porque lo verdaderamente fascinante de este grupo no reside únicamente en su capacidad para fundir universos musicales aparentemente distantes, sino en haber encontrado una voz propia dentro de ellos. CELTIAN ha aprendido a hacer convivir la fiereza del metal con la delicadeza de las melodías celtas, a convertir la fantasía en un territorio reconocible y a construir, canción tras canción, una personalidad artística que continúa ensanchando sus fronteras.

La presentación del álbum permitió descubrir mucho más que el resultado de una grabación. Durante la proyección de siete canciones de aquel concierto, la pantalla se convirtió en una ventana abierta a la extraordinaria vitalidad de una formación que ha alcanzado una notable madurez escénica. Las guitarras levantaban muros de electricidad mientras las flautas y el violín dibujaban caminos melódicos que parecían escapar de otra época. El bajo y la batería sostenían el pulso de una música que encontraba su grandeza precisamente en el contraste. Nada parecía competir por imponerse: cada instrumento ocupaba su lugar en una arquitectura sonora de enorme riqueza expresiva. Y sobre ese paisaje, la voz de Xana Lavey emergía con una autoridad tan natural como cautivadora, capaz de deslizarse desde la intimidad de una frase apenas acariciada hasta la intensidad de los pasajes más poderosos.

Siete canciones bastaron para advertir que CELTIAN pertenece a esa estirpe de formaciones cuya verdadera dimensión se comprende sobre un escenario. Su música necesita respirar, expandirse, encontrarse con el público y dejar que la emoción complete aquello que ninguna partitura puede escribir. La grabación de La Riviera captura esa energía y la convierte en testimonio de un momento especialmente significativo para el grupo. No era una sala cualquiera. Para unos músicos que comenzaron su andadura sin imaginar hasta dónde podrían llegar, contemplar La Riviera llena suponía alcanzar una de esas metas que durante años parecen existir únicamente en la imaginación.

Diego Palacio recordó aquel sueño con una mezcla de emoción y humor, llegando incluso a bromear con la posibilidad de haber elegido el Santiago Bernabéu como escenario. La ocurrencia provocó sonrisas, pero también dejó entrever algo más profundo: la conciencia de haber recorrido un camino importante sin haber perdido la capacidad de ilusionarse con lo que todavía está por venir. La Riviera representaba una conquista artística y sentimental, un lugar desde el que mirar hacia atrás sin nostalgia y hacia adelante sin temor.

La gestación de Desde las raíces comenzó mucho antes de que se encendieran los focos. Durante una estancia en Bogotá surgieron las primeras conversaciones sobre el repertorio que debía dar forma a aquella noche. La tarea encerraba una dificultad considerable: cómo resumir una trayectoria sin convertirla en un inventario de recuerdos, cómo elegir las canciones capaces de representar las distintas etapas del grupo y cómo incorporar las colaboraciones sin quebrar el ritmo de un espectáculo concebido como una unidad. Había que medir los tiempos, organizar los cambios de instrumentos y encontrar una continuidad emocional que permitiera al concierto contar su propia historia.

El trabajo tampoco terminó cuando se apagaron las últimas luces de La Riviera. Después llegaron meses de mezclas, revisiones de imágenes, correcciones de color y decisiones técnicas destinadas a conseguir que la grabación conservara el espíritu de aquella noche. Los integrantes reconocieron, entre bromas, que habían terminado cansados de contemplarse tantas veces en pantalla. La exigencia de convertir un acontecimiento irrepetible en una obra perdurable obligaba a examinar cada detalle, incluso aquellos que probablemente pasarían inadvertidos para la mayoría de los espectadores.

Y es precisamente en esa búsqueda donde aparece una de las claves de CELTIAN: su empeño por preservar la magia sin renunciar a la contundencia. La banda explicó durante el encuentro con periodistas y seguidores que su evolución musical apunta hacia sonoridades cada vez más pesadas, con afinaciones graves y una presencia creciente del metal. Sin embargo, esa transformación no implica abandonar el universo fantástico que ha dado carácter a sus composiciones. Las historias, las atmósferas evocadoras y la sensibilidad melódica continúan formando parte de su esencia. Incluso el tratamiento cromático del concierto fue revisado para evitar que las imágenes perdieran la luminosidad y el componente casi legendario que acompañan a su música.

Esa voluntad de evolucionar sin desdibujarse resulta especialmente significativa en una escena musical donde tantas veces se confunde la renovación con la ruptura. CELTIAN parece haber encontrado un camino más interesante: ensanchar su lenguaje sin renegar de su acento. Sus raíces no funcionan como una frontera, sino como un punto de partida. El metal aporta músculo, tensión y profundidad; los instrumentos tradicionales introducen matices, memoria y una particular forma de belleza. Entre ambos extremos aparece un sonido que ya no necesita explicarse únicamente por sus influencias.

El título del álbum dio pie a uno de los pasajes más reveladores de la rueda de prensa. Cuando se pidió a los músicos que identificaran la raíz que mejor definía su aportación al grupo, las respuestas fueron dibujando un retrato colectivo de inesperada riqueza. Surgieron referencias al metalcore, a la tradición celta de Asturias, a la importancia de la base rítmica y a esa imagen tan sencilla como certera de las raíces de una planta que permanecen entrelazadas bajo tierra para sostener su crecimiento.

Xana Lavey eligió la dulzura y la poesía. Dos palabras que, pronunciadas en el contexto de una banda de metal, adquirieron un significado especialmente hermoso. Porque buena parte del atractivo de CELTIAN nace precisamente de esa convivencia entre lo delicado y lo impetuoso, entre la caricia de una melodía y la sacudida de una guitarra. Su música no necesita escoger entre ambas dimensiones: encuentra su personalidad en la tensión que las mantiene unidas.

La conversación permitió descubrir también la humanidad que se esconde detrás de la seguridad escénica. Los músicos hablaron sin reservas de sus inseguridades y de la dificultad que supone enfrentarse a la propia imagen y a la propia voz. Una nota que podría haber sido más precisa, un gesto desafortunado, una expresión que no convence o un pequeño error que el público jamás habría percibido pueden convertirse en motivos de preocupación para quienes han dedicado tantas horas a perfeccionar su oficio. La autocrítica, cuando nace de la pasión por lo que se hace, puede ser tan implacable como necesaria.

Especialmente reveladora fue la confesión de Xana. La cantante reconoció que fuera del escenario es una persona introvertida y que convive con inseguridades que parecen desvanecerse cuando comienza a cantar. Resultaba fascinante escuchar esas palabras después de haberla visto dominar el directo con semejante aplomo. Sobre las tablas, su voz adquiere una libertad que no siempre encuentra en la vida cotidiana. La música se convierte entonces en algo más que una profesión: es un lenguaje donde las emociones encuentran una salida, un espacio en el que la vulnerabilidad deja de ser una limitación para transformarse en fuerza expresiva.

Esa contradicción entre la persona y el personaje escénico, entre la timidez y la autoridad interpretativa, explica una parte esencial del misterio que rodea a los grandes intérpretes. Xana no necesita ocultar su sensibilidad para transmitir fortaleza; precisamente de ella parece extraer buena parte de su poder sobre el escenario. Su manera de cantar contiene esa dualidad que también define el sonido del grupo: la belleza puede ser contundente y la intensidad no tiene por qué renunciar a la ternura.

La solemnidad, afortunadamente, nunca llegó a instalarse en el encuentro. Entre reflexiones musicales aparecieron bromas sobre los nervios, las expresiones que los músicos descubren al verse grabados y hasta la preocupación por salir favorecidos ante las cámaras. La conversación discurrió con una espontaneidad poco frecuente en presentaciones de estas características. Los integrantes se interrumpían, se hacían comentarios y respondían con una cercanía que permitió conocer a las personas que habitan detrás de los instrumentos. La complicidad que sostiene a CELTIAN sobre el escenario también parece acompañarlos cuando la música deja de sonar.

Hubo espacio, además, para adentrarse en los desafíos técnicos de una formación cuya riqueza instrumental exige un cuidado extraordinario. Conseguir que las flautas y el violín conserven toda su expresividad entre guitarras eléctricas, bajo y batería requiere un delicado equilibrio sonoro. Los músicos explicaron las diferencias entre la mezcla que escucha el público durante un concierto, la que recibe cada integrante a través de sus monitores y la que finalmente se prepara para una publicación audiovisual. Tres maneras distintas de escuchar una misma noche, tres perspectivas que deben encontrarse sin traicionar la emoción original.

El resultado de ese esfuerzo es un trabajo que permite recorrer distintas etapas de CELTIAN, incluyendo composiciones de su primer álbum instrumental. Desde las raíces adquiere así el valor de una autobiografía musical escrita sin necesidad de palabras adicionales. Cada canción conserva la huella de un momento, de una búsqueda y de una transformación. Escuchadas desde el presente, todas ellas contribuyen a explicar cómo una propuesta nacida del encuentro entre tradiciones musicales ha ido adquiriendo una identidad cada vez más definida.
Pero sería un error interpretar este lanzamiento como una mirada complaciente al pasado. CELTIAN continúa componiendo y explorando nuevas posibilidades creativas. Durante la presentación se habló incluso de la posibilidad de incorporar otros idiomas, como el inglés o el japonés, aunque el grupo dejó claro que el español seguirá ocupando un lugar fundamental en su relación con los seguidores. La inquietud artística permanece intacta y el deseo de experimentar parece formar parte de una evolución que todavía tiene numerosos caminos por recorrer.

La sensación que dejó aquella presentación fue la de encontrarse ante una banda que ha sabido convertir sus diferencias en una virtud y sus aspiraciones en una disciplina de trabajo. La seguridad musical de las imágenes contrastaba con la naturalidad de las confesiones posteriores, componiendo un retrato mucho más interesante que cualquier discurso promocional. CELTIAN mostró su talento sin grandilocuencia, sus dudas sin dramatismo y su ambición sin perder la cercanía.

Quizá lo más valioso de Desde las raíces sea precisamente esa manera de entender el tiempo. El pasado no aparece como un refugio al que regresar, sino como una materia viva que continúa alimentando el presente. La Riviera fue el escenario de una celebración, pero también el lugar donde una banda pudo contemplar, desde cierta distancia, todo lo que había conseguido construir.

Al abandonar la presentación permanecía una certeza: aquellas siete canciones habían sabido despertar el deseo de escuchar muchas más. También quedaba la impresión de que CELTIAN está escribiendo uno de los capítulos más interesantes de su trayectoria, con la madurez suficiente para reconocer lo que ha sido y la inquietud necesaria para imaginar lo que todavía puede llegar a ser.

Las raíces más profundas nunca se ven. Trabajan silenciosamente bajo la tierra mientras, en la superficie, las ramas crecen, desafían al viento y buscan nuevos espacios de luz. CELTIAN parece haber comprendido que la verdadera fidelidad a los orígenes no consiste en permanecer inmóvil, sino en encontrar la fuerza necesaria para seguir creciendo. Y si Desde las raíces es el retrato de todo lo que ha florecido hasta ahora, resulta difícil no sentir curiosidad por descubrir hasta dónde llegará su próxima primavera.

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