FERNANDO J. LUMBRERAS
Entre La Habana y Madrid cabe un océano, pero también una canción. En esa distancia hecha de raíces, recuerdos y lugares que nunca terminan de abandonarnos, LIUBA MARÍA HEVIA vuelve a desplegar su particular cartografía sentimental. La cantautora cubana abre ahora una nueva página de su extensa trayectoria con Almas comunes, su vigésimo sexto trabajo discográfico, un álbum de once canciones que mira hacia la memoria, el amor, la patria, la esperanza y esos territorios íntimos que permanecen encendidos incluso cuando la vida nos obliga a cambiar de orilla.
Publicado por Duende Music, Almas comunes amplía el universo musical de una artista estrechamente vinculada a la tradición de la trova cubana, pero poco dispuesta a permanecer encerrada en ella. El nuevo trabajo se mueve entre sonoridades cubanas y caribeñas, canción trovadoresca, blues, country, ecos asturianos y arreglos de cámara contemporánea, construyendo un paisaje en el que guitarra, tres, laúd, violín, chelo y percusión acompañan una voz que ha hecho de la emoción contenida una de sus principales señas de identidad.
El disco cuenta además con tres invitados que refuerzan ese diálogo entre ambas orillas del Atlántico. Ana Belén participa en Entre Madrid y La Habana, una canción especialmente simbólica dentro de un álbum atravesado por la distancia, las ciudades y el sentimiento de pertenencia. Por su parte, el gaitero Hevia y Marisa Valle Roso colaboran en Asturias, bendito sea el amor, pieza que conduce a la compositora hacia las raíces asturianas de su familia y convierte la herencia en materia musical.
Madrid tendrá un protagonismo especial en el nacimiento público del proyecto. LIUBA MARÍA HEVIA presentará Almas comunes el sábado 19 de septiembre a las 20:00 horas en el Ateneo de Madrid, escenario elegido para estrenar en directo este nuevo capítulo de su carrera. La histórica institución madrileña se convierte así en el punto de encuentro de un disco que precisamente habla de viajes, raíces y regresos, como si La Habana, Madrid y Asturias pudieran encontrarse durante unas horas bajo un mismo techo.
Sobre el escenario, la cantautora estará acompañada por Christopher Simpso al violín, Yibrán Riverola al tres y la guitarra, Eilyn Marquetti en la percusión y José Ernesto Hermida al bajo. La presentación madrileña será además el comienzo de un recorrido que continuará durante los próximos meses por diferentes escenarios de España y México, con conciertos previstos en Veracruz, Puebla, Querétaro, Ciudad de México, Metepec, Madrid y Asturias.
Antes de la llegada completa del álbum a las plataformas digitales, sus canciones irán descubriéndose poco a poco. Amada tierra mía será el primer sencillo, mientras que el 2 de octubre llegará Asturias, bendito sea el amor, junto a Hevia y Marisa Valle Roso. El 16 de octubre será el turno de A pesar del poder y, el 30 de octubre, verá la luz Entre Madrid y La Habana junto a Ana Belén. El álbum estará disponible en formato físico desde el 19 de septiembre y llegará a todas las plataformas digitales el 6 de noviembre.
Canciones como Para que nunca me olvides, Revelación, Soledad de multitudes, Ojeras o la propia Almas comunes completan un recorrido en el que la experiencia personal termina adquiriendo una dimensión colectiva. La migración, la ausencia, el poder, el exilio, la pertenencia y la pérdida atraviesan el disco sin desplazar a la ternura y la esperanza, que funcionan como un hilo invisible entre sus once composiciones.
Esa mirada encuentra continuidad en una carrera que ha situado a LIUBA MARÍA HEVIA entre las voces más reconocibles de la canción cubana e hispanoamericana. Con 26 discos publicados, su repertorio ha transitado por la trova, la habanera, la guajira, el son, el bolero, la balada y la música infantil. Su trayectoria ha recibido además dieciséis Premios Cubadisco y en 2025 fue distinguida con el Premio Extraordinario a la Maestría Artística.
Durante su carrera, la artista cubana ha compartido música y proyectos con nombres fundamentales de la canción iberoamericana y ha construido un repertorio capaz de acompañar a diferentes generaciones. Primero lo hizo desde una obra infantil que encontró espacio en hogares y escuelas; después, desde una canción adulta que ha sabido hablar del amor, la ausencia, las raíces y la pertenencia sin renunciar a una escritura profundamente personal.
Almas comunes aparece ahora como la consecuencia natural de ese camino, pero también como una voluntad de seguir buscando. LIUBA MARÍA HEVIA se reinventa sin desprenderse de aquello que la identifica, incorporando nuevos colores a su música mientras conserva la palabra, la melodía y la emoción como centro de gravedad. La diversidad sonora no dispersa el álbum: lo ensancha.
En estas once canciones, la patria puede viajar dentro de una guitarra y la memoria atravesar el mar sin necesidad de pasaporte. El amor aparece como refugio; la ternura, como resistencia; y la esperanza, no como una forma de ingenuidad, sino como la decisión consciente de continuar mirando hacia la luz. El dolor está presente, igual que la distancia o la pérdida, pero ninguno consigue quedarse con la última palabra.
Quizá por eso Almas comunes encuentra una resonancia especial en un tiempo dominado por el ruido y la velocidad. Frente a ellos, LIUBA propone detenerse y escuchar. Regresar a aquello que permanece cuando desaparece lo accesorio: la memoria, la dignidad, la pertenencia, la ternura y esa misteriosa capacidad de reconocernos en la historia de alguien que vive a miles de kilómetros de nosotros.
Porque Almas comunes no parece interesado únicamente en contar de dónde venimos, sino también en preguntarnos qué llevamos con nosotros cuando nos marchamos. Entre Madrid y La Habana, entre Asturias y Cuba, entre la memoria individual y la experiencia colectiva, LIUBA MARÍA HEVIA dibuja un mapa donde las fronteras terminan desdibujándose bajo el peso de los afectos.
Y quizá esa sea la idea que mejor resume este nuevo capítulo de su carrera: podemos cambiar de ciudad, atravesar océanos y aprender a vivir lejos de aquello que un día llamamos casa, pero algunas raíces viajan con nosotros. A veces basta una melodía para descubrir que nunca se fueron.




