Qatar ya tiene un lugar propio en la historia de los Mundiales. La selección catarí logró rescatar un empate agónico ante Suiza (1-1) con un gol en el minuto 95 en un encuentro discreto, espeso y con escaso brillo futbolístico, pero que dejó una imagen inolvidable para el combinado dirigido por Julen Lopetegui: el primer punto de su historia en una Copa del Mundo.
El partido, disputado en San Francisco, volvió a dejar sensaciones tibias en una fase inicial del torneo que sigue sin encontrar grandes momentos de fútbol. Suiza, que partía como clara favorita del grupo, compareció con una propuesta conservadora y excesivamente prudente frente a una Qatar que, sobre el papel, parecía el rival más accesible.
El seleccionador helvético apostó por un once experimentado y de perfil defensivo, alineando al equipo más veterano de la historia de Suiza en una Copa del Mundo, con una media superior a los 30 años. Sin embargo, la apuesta por el control y el oficio terminó convirtiéndose en un arma de doble filo.
El primer golpe llegó pronto. En una acción desafortunada del portero Abunada, que derribó a Freuler dentro del área, el árbitro señaló penalti entre algunas dudas sobre una posible posición antirreglamentaria previa. Embolo asumió la responsabilidad y adelantó a Suiza desde los once metros.
Parecía el inicio de una victoria cómoda para los europeos. Pero nunca llegó. Suiza fue perdiendo presencia ofensiva y se conformó con administrar una ventaja mínima. Ni Ndoye logró desequilibrar ni Vargas aprovechó una clara ocasión para ampliar distancias.
Qatar, mientras tanto, fue creciendo desde la resistencia y la paciencia. Edmilson protagonizó las llegadas más peligrosas y el equipo nunca dejó de creer. Cuando el empate parecía imposible y el reloj ya consumía el descuento, apareció Khoukhi para desatar la locura.
El 1-1 definitivo no cambiará la historia del fútbol, pero sí la del fútbol catarí. Porque hay empates que saben a clasificación… y otros que se celebran como una victoria eterna.



