TECHY convierte el merengue en una declaración de identidad con su nuevo álbum ‘Chula’

FERNANDO J. LUMBRERAS

Hay discos que nacen desde una idea y otros que aparecen cuando una artista decide dejar de esconderse. Chula, el nuevo trabajo de la cantautora dominicana dos veces nominada al Latin GRAMMY®, Techy, pertenece claramente a esta segunda categoría. No es solo un álbum de merengue ni una nueva etapa discográfica: es el retrato de una mujer que ha elegido ocupar su espacio sin pedir permiso.

Después de tres años de trabajo, reflexión y construcción artística, Techy presenta su cuarto álbum de estudio convertido en una declaración abierta de identidad. Doce canciones que recorren distintas emociones, distintos ritmos y distintas formas de entenderse a sí misma, siempre con el merengue como idioma principal. La producción ya está disponible en plataformas digitales.

La artista, considerada una de las voces independientes más interesantes surgidas en República Dominicana en los últimos años, entiende este lanzamiento como un punto de llegada y, al mismo tiempo, como un nuevo comienzo. “Todo lo que he hecho musicalmente me ha llevado a este momento”, explica Techy sobre un proyecto que nació desde la necesidad de mostrarse sin capas ni personajes.

En ese camino aparecen algunas canciones que ya marcaron momentos importantes de su trayectoria reciente. Entre ellas figura Que me quedes tú, el merengue que le abrió las puertas de su primera nominación al Latin GRAMMY® en 2023, así como Cariñito, nominada en 2025 a Mejor Canción Tropical. Completan el recorrido títulos como Te voy a enamorar, Hombre Malo o Él Sabe, piezas que terminan de construir el mapa emocional del álbum.

Pero detrás de Chula hay algo más profundo que una colección de canciones. Durante este proceso creativo, Techy atravesó una etapa de revisión personal que terminó transformando también su manera de hacer música. La artista habla de una revolución íntima, de remover recuerdos, sanar heridas y abrir espacios que hasta entonces permanecían cerrados. Todo ese movimiento interior terminó encontrando salida en melodías que buscan algo sencillo y ambicioso al mismo tiempo: provocar alegría y conexión en quien escucha.

Ese regreso al merengue tampoco fue casual ni superficial. Para Techy, el género funciona como una segunda lengua emocional y por eso decidió estudiarlo desde dentro, profundizando en sus raíces, su evolución y sus múltiples formas expresivas. Rodeada de músicos especializados, convirtió el proceso de investigación en parte esencial del álbum y encontró una certeza: cuanto más entendía el merengue, más auténtica sonaba su propia voz.

El resultado es un recorrido sonoro que se mueve con naturalidad entre tradición y contemporaneidad. Chula visita el merengue tradicional, explora el merengue típico junto a Fefita La Grande en Él Sabe, recupera el espíritu del merengue house noventero en Nada, se acerca al pambiche en Segunda Vuelta y se atreve incluso con el mambo electrónico en Peligrosa. También hay espacio para mezclas más abiertas donde dialogan sonidos afrodominicanos y afrobeat, ampliando el universo del proyecto sin perder nunca su raíz.

Las colaboraciones refuerzan esa ambición artística. Participa la reconocida trompetista, compositora y productora venezolana Linda Briceño —conocida como Ella Bric— aportando un solo en Te acordarás de mí. En la escritura aparecen además nombres como Claudia Brant y Yoel Henríquez, mientras que la producción reúne a varios músicos y productores dominicanos y latinoamericanos para llevar cada canción hacia una versión del merengue que respira presente sin olvidar de dónde viene.

Entre los temas centrales del álbum destacan Nada y Peligrosa, dos canciones que representan los extremos emocionales del proyecto. La primera mira con nostalgia al merengue house que definió una generación y homenajea el sonido de agrupaciones como Proyecto Uno, Ilegales o Sandy & Papo. La segunda se instala en la pista de baile y reivindica una feminidad que ya no necesita demostrar nada a nadie.

Y quizá ahí esté la verdadera esencia de Chula. No en el concepto, ni en las etiquetas, ni siquiera en el género. Está en esa sensación de escuchar a una artista que ha dejado de perseguir expectativas para empezar a habitar plenamente su propia música.

Porque en este álbum, Techy no interpreta un personaje. Simplemente aparece.

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