FERNANDO J. LUMBRERAS
La salsa amaneció hoy con un silencio extraño, un temblor íntimo que sólo ocurre cuando se marcha uno de sus arquitectos esenciales. Ha fallecido Rafael Ithier Natal, músico, compositor, arreglista y fundador de El Gran Combo de Puerto Rico, dejando tras de sí una herencia que no sólo pertenece a la isla, sino a todo un continente que aprendió a bailar y a reconocerse en su sonido. Tenía 99 años. Su partida fue confirmada por Víctor Rivera, abogado de la familia, a la emisora WKAQ. Le sobreviven su esposa, Carmen Soto, y sus hijos Carlos, Pedro, Mérida, Maritza e Ivonne, testigos privilegiados de una vida moldeada a ritmo de piano, disciplina y amor por la música caribeña.
Con El Gran Combo, Ithier no sólo grabó alrededor de 70 discos: creó una institución, un pulso colectivo que aún hoy late en plazas, emisoras, fiestas y recuerdos. Fue el arquitecto de un estilo inconfundible, un sonido que respiraba calle, tradición, humor y orgullo puertorriqueño. Antes de fundar la orquesta en 1962, ya había cultivado su rigor musical en Cortijo y su Combo, donde se forjó el oído fino y la visión creativa que más tarde levantarían una de las agrupaciones más influyentes de América Latina.
La noticia de su fallecimiento provocó una corriente inmediata de cariño y despedidas. Entre los primeros en pronunciarse estuvo Víctor Manuelle, que escribió: “Te marchas pero tu legado y tu música seguirán vigentes en todos los que hacemos este género musical que llamamos salsa”. Recordó también las conversaciones, los consejos y los encuentros en tarima como pequeños tesoros que hoy duelen, pero iluminan.
El también legendario Willie Colón expresó su profunda tristeza: “Nunca habrá otro Rafael Ithier. Él siempre estuvo en mi vida y en mi mente… Lo extrañaremos”. Y Tito Nieves, visiblemente afectado, confesó: “Hoy mi corazón está de luto… Don Rafael cambió mi vida con sus palabras”. Tres voces gigantes que, aun juntas, parecen quedar pequeñas ante la magnitud de lo que Ithier significó.
Porque Ithier no sólo dirigió una orquesta: levantó un hogar musical en el que generaciones de salseros aprendieron que la disciplina también baila, que la tradición puede sonar moderna, que la identidad se escribe en clave de tumbao. Convertido en maestro dentro y fuera del escenario, consolidó un proyecto artístico que siguió creciendo durante más de seis décadas, un verdadero orgullo de Puerto Rico ante el mundo.
Su legado fue reconocido en incontables ocasiones. En 2017 recibió el “Premio Estrella a la Excelencia” en el Día Nacional de la Salsa, compartiendo altar con figuras como Eddie Palmieri y Gilberto Santa Rosa. Dos años después, Panamá honró su trayectoria en un concierto aniversario de El Gran Combo, una prueba más de su dimensión internacional y del respeto que su nombre inspira más allá del Caribe.
Hoy la salsa pierde a uno de sus grandes padres, pero la música —esa que Ithier moldeó como si fuera arcilla viva— sigue ahí, sonando con la misma alegría con la que él la soñó. Y mientras su piano descansa, la historia de la música latina escribe una línea más profunda y luminosa en su honor. No habrá otro Rafael Ithier. Y sin embargo, Ithier está en todas partes.




