Una razón más para poner rumbo a Tenerife: el Teide de noche

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Si ya de por sí Tenerife no necesita demasiadas razones para ser un destino deseado, si se suma una experiencia única, astronómica y peculiar, sólo queda una opción: empezar a buscar los billetes para volar a una de las islas del archipiélago canario.

 Más allá de sus playas, de la fiesta, sus carnavales o su gente, está el parque natural donde se encuentra el Teide.

 Se trata del tercer volcán más alto del mundo, una maravilla natural que ha cautivado a la gente durante siglos y que aún está preparado para sorprender a todo el que se aproxime a conocerlo.

 Sin embargo, hay algo aún más mágico que la simple idea de estar ante este volcán y es una visita nocturna al Teide.

 “Bajo el cielo estrellado, el paisaje cobra una nueva dimensión, ofreciendo una experiencia inolvidable para quienes se aventuran a explorarlo. Al no tener contaminación lumínica se convierte en el lugar perfecto para sentir las dimensiones del universo en un entorno natural tan único como un volcán” explican desde Star Excursions.

 La interacción entre luces y sombras crea una atmósfera única, donde las estrellas parecen brillar más y el silencio es en sí una experiencia que suma puntos al poder contemplar las estrellas y constelaciones desde la cima del Teide.

 Tenerife y la astronomía

 Tenerife es conocida como uno de los mejores lugares del mundo para observar las estrellas debido a su baja contaminación lumínica. Los cielos despejados y las condiciones óptimas lo convierten en un lugar ideal para observar fenómenos celestes como estrellas fugaces, constelaciones e incluso la Vía Láctea.

 La importancia de la astronomía en la cultura canaria se remonta a los guanches, los habitantes originales de las Islas Canarias que utilizaban las estrellas y la luna para guiar sus prácticas religiosas y sociales, y su legado sigue vivo en la cultura contemporánea de Tenerife.

 Los cielos canarios están llenos de leyendas y mitos que se han transmitido de generación en generación. Los guanches creían que las estrellas eran las almas de sus antepasados ​​y que la luna tenía el poder de controlar las mareas e influir en el comportamiento humano, como luego demostró la ciencia.

 Un ejemplo es la Fiesta de San Juan en Tenerife, una celebración del solsticio de verano donde la gente se reúne para encender hogueras y saltar sobre ellas, una tradición que se remonta a los ancestros y que luego fue también incorporada en otras zonas del mundo.