Canadá tuvo que remar contra corriente para evitar un estreno amargo en el Mundial que organiza junto a sus vecinos norteamericanos. En Toronto, una de las ciudades más ligadas al baloncesto fuera de Estados Unidos gracias a su franquicia NBA, fueron precisamente los centímetros del rival los que condicionaron la primera gran noche futbolística del torneo. Bosnia y Herzegovina, el combinado más alto del campeonato, convirtió cada acción a balón parado en una amenaza constante y estuvo cerca de dejar sin celebración a uno de los anfitriones.
La ceremonia inaugural dejó una imagen elegante y sobria, marcada por la actuación de Michael Bublé, pero el fútbol tardó en arrancar. Las ausencias por lesión de dos figuras clave como Alphonso Davies y Edin Dzeko obligaron a ambos seleccionadores a plantear un partido más conservador, reforzando el centro del campo y reduciendo riesgos.
El encuentro encontró rápidamente su identidad: juego directo y transiciones rápidas. Canadá apostó por la velocidad por las bandas, mientras Bosnia explotó su fortaleza física y el juego aéreo. Precisamente así llegó el primer golpe. En el minuto 21, un córner servido por Basic encontró la prolongación de Kolasinac en el primer palo y Lukic apareció en el área pequeña para firmar el 0-1 y silenciar momentáneamente el estadio.
Los nervios pesaron sobre los locales, que tardaron en reaccionar. Jonathan David tuvo la primera gran oportunidad canadiense, pero definió demasiado centrado. Poco después, Oluwaseyi desperdició otra ocasión clara enviando el balón por encima del larguero. Dos acciones que evidenciaron la presión que acompaña a jugar un Mundial en casa.
Tras el descanso, Canadá aumentó el ritmo y asumió más riesgos. Eustáquio estuvo cerca del empate, pero Kolasinac evitó el gol bajo palos y, en la siguiente jugada, Demirovic perdonó el segundo tanto bosnio.
El seleccionador Jesse Marsch movió entonces el banquillo y retiró a un desaparecido Jonathan David para buscar nuevas soluciones ofensivas. La entrada de Promise David dio energía al ataque y abrió el camino para el desenlace. Ya en los minutos finales apareció Cyle Larin, exjugador de Mallorca y Valladolid, para firmar el tanto que permitió a Canadá sumar el primer punto de su historia en los Mundiales y mantener intacta la ilusión de todo un país.



