Pablo Alborán triunfa en Las Ventas

Decir a estas alturas que Pablo Alborán va más allá del músico es quedarnos cortos en la obviedad, anoche tuvimos ocasión de atribuirle, sobre el escenario memorable de la Plaza de Toros de Las Ventas, varios roles más que escapan al del clásico artista que aparece sobre la tarima, que regala quince o veinte canciones y que se retira ovacionado por el respetable. Ayer vimos mucho más que eso. Tuvimos a un Alborán aflamencado, tropical, rumbero y latino.

La gira Terral ya había conseguido levantar excelentes comentarios en otros lugares (dentro y fuera de España) en los que había estado presente, pero una cosa es escuchar las buenísimas referencias y otra muy distinta asistir al show y ver cómo el malagueño va hilvanando sus canciones con un sentido que hace que el concierto entero sea toda una experiencia.

Con el montaje audiovisual del principio, el espectador ya va cogiendo el sentido grandioso de lo que va a encontrarse durante las dos horas siguientes: música, música y más música, porque al menos en este primer concierto de Madrid, Pablo no es que interactuara demasiado con las casi 25 mil personas que abarrotaban el coso taurino madrileño. Dejó ver muestras de cariño, desde luego, pero Alborán ya se sabía triunfador antes de llegar y con gran humildad dejó que sus canciones, que su voz y que los geniales arreglos se convirtieran en el agasajo que correspondiese al público.

Los éxitos se iban sucediendo casi con la sensación de no haber digerido el anterior y cuando parecía que ya no quedaban más motivos para conseguir emocionarnos, que ya lo había logrado con canciones como Pasos de Cero o Dónde está el amor, Pablo Alborán se atreve a montar cuatro canciones en lo que es el corazón del show en el que fue posible verle divirtiéndose con toda sinceridad. Y junto a él, unos músicos en estado de gracia, simpáticos y airosos, que alimentaron sobremanera ese directo bien ejecutado y con una muy elegante puesta en escena. Pero ahí no acaba la cosa, porque ya casi llegando al final, se marcan un boogie boogie realmente arrebatador y el romanticismo baladístico y pausado con el que vino a hacerse grande hace ya cinco años se desbarata con una frenética guitarra, con una trompeta que nos traslada a los años del Charlestón y con una batería siempre en su punto, contundente y briosa. Y ahí, ya con ese altísimo listón, Pablo Alborán ya había ganado el primer asalto en Las Ventas.

Su debut en este enclave mágico para la música en Madrid ha sido un éxito rotundo de público, de buen gusto musical y de sonido. Impecable y limpio, bien medido y nada estridente o subido de volumen. Fueron dos horas que vienen a resultar uno de los mejores conciertos que hemos visto en el 2015. Terral sonó humilde pero salió grandioso, Pablo se gustó, se fue sintiéndose querido. Tal vez no sea éste el concierto por el que será recordado para la posteridad, porque es seguro que vendrán otros éxitos y que poco a poco el repertorio irá vistiéndose de canciones si cabe aún más brillantes que las ahora existentes, pero esta primera vez en el ruedo estuvo torero. Impecable y bien lucido, como suele decirse.

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