MÓNICA MOSS, el desparpajo introspectivo de una música que conoces

FERNANDO J. LUMBRERAS.

Estábamos sentados frente a frente, habíamos puesto como intermediarios improvisados un gin tonic, una Coca Cola y un platito lleno de gominolas de colores. Estábamos en su barrio, en Chamberí, ese lugar de Madrid lo suficientemente pequeño como para uno conocerse sus cuatro costuras y lo suficientemente grande como para quedar pegadito al mismo centro. Y allí nos pusimos a charlar Mónica y yo. Ella siempre sonriente, yo repleto de curiosidad por la carta que había recibido unos pocos días antes en cuyo interior había un naipe de tarot, antesala de un ritual que se me atojaba totalmente opuesto a la música descarada y algo glam de su disco anterior, Forever Perras. Algo había cambiado en la esencia musical de Mónica y tenía que saber qué era.

Mis preguntas iban encaminadas —lo confieso— a saber qué había pasado en su vida para que se hubiese cerrado un capítulo musical de forma tan radical y se hubiese lanzado uno más introspectivo, más personal si cabe. Pero Mónica, la primera vez que la conocí, tuvo la tendencia de desmontar las preguntas a golpe de sonrisa y en esta ocasión no fue una excepción. Su boca iba dibujando los argumentos de este Ritual con absoluta convicción de estar frente a un desafío ávido de cómplices y completamente suelto. Yo la seguí, me invitó al concierto de presentación el 15 de marzo en el Café Berlín, ¿por qué faltar? Tengo que ser testigo de la globalización de su ritual, de la búsqueda de cómplices de un sencillo que promete mucho.

Siempre fui amigo de esos músicos que tienen la sana y valiente costumbre de llamar a las cosas por su nombre, de tender a desencorsetarnos como sociedad y como críticos porque, en el fondo, todos somos más perretes de lo que aparentamos y buscamos nuestra propias treguas, nuestras treguas con ventanas, que escribiese Benedetti. Mónica no solo encontró la suya, ahora la extendió en busca de otras puertas. Mis preguntas quedan ahí, casi testimoniales. Ella, sin complejos, sin pelos en la lengua y con ganas de contar y cantar muchas cosas, ayudó a entender Ritual desde su tribuna de creadora. Había que hacer llegar a la gente por qué esta personita es capaz de musicar este rosario de sensaciones. Creo que entre ella, Chamberí, los refrigerios, las gominolas y yo lo conseguimos un poco, pero prefiero no faltar a su concierto de mañana, por si acaso.

Aquí tienes la charla completa de ese día