OZUNA pone la guinda a un festival que se creció con la noche

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    FERNANDO J. LUMBRERAS.

    Ayer se celebró en el Wizink Center el YOLO FEST, poco a poco se iba llenando el coliseo de los grandes conciertos de Madrid porque la cosa comenzó temprano. Ya desde la hora de la siesta hubo quien se acercó a echarse un baile con sesiones de Dj y con DianaEla, pero aún se notaba que lo esperado se haría de rogar pese a una sorprendente puntualidad en la aparición de los artistas.

    El relleno de los Djs dio paso a la primera de las cabezas de cartel, la colombiana Farina, que llegó de azul, con el público más crecido y cómoda ante el escenario. En general pequeño concierto correcto, con las canciones más conocidas de la artista y un nutrido grupo cantándolas a todo pulmón.

    Casi sin tregua llegó el siguiente, Darell. Absolutamente activo, moviéndose frenético de un lado a otro del escenario, con ritmos más contundentes que los de Farina, con letras más subidas de tono y en esa incandescencia musical, muy poco a poco, iban recortándose los huecos vacíos, iban subiendo los gritos, las aclamaciones… y la catarsis llegó con Jon Z, también muy activo, con un show divertido, convulsivamente dinámico, en el que el artista no dejó descansar a los asistentes ni un segundo. La idea era plantarse ante el respetable con todo; con el dembow arrebatador, con golpes de electrónica y bajos desorbitados… pero a medida que avanzaba la presentación, el artista se iba acomodando, iba pausando los movimientos y terminó inmóvil y coreado.

    Y llego Becky G, envuelta en rosa, con medias veladas con diamantes y un show potente. Dado que Ozuna había venido el año anterior y había poco margen para sorpresas, muchos las depositaron en esta morena bajita pero con una fuerza en el escenario completamente desbordante. La estadounidense suplió una discografía más bien corta con versiones más o menos acertadas, pero lo que queríamos ver eran sus propias canciones, el sensual desenvolvimiento en el escenario y de eso estuvo a la altura. Ya casi se había colgado el Sold Out, ya habíamos llegado a los últimos escalones.

    Y la cima llegó puntual, con el público abarrotándolo todo, con los desaforados gritos, las pancartas… y así, con una luz entre azul y morada, con lo etéreo de una atmósfera alimentada por bajos potentes y una superpantalla, apareció Ozuna, el más esperado de la noche. Así comenzó a cantar, con fuego, humo y chispas. Con amplia diferencia respecto a los artistas anteriores, con arreglos muy trabajados, con reguetón sin tregua, sin degradar a nadie. No cabía nadie en el Wizink pese a que lo vimos el año pasado pero este muchacho tiene tirón. Tenía la difícil labor de superar el llenazo de Daddy Yankee un mes atrás y allí estuvo, en menos tiempo de lo que duró el show de su compatriota, lo consiguió.

    El YOLO fue la perfecta despedida de una temporada de conciertos urbanos que ha estado a muy buena altura, destacando a Madrid como una de las capitales importantes de este género. Y cuando aún no se han apagado los ecos, ya se anuncia a Anuel para octubre… la cosa promete