MARTA Y MICÓ publican la edición física de sus sombras cotidianas

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FERNANDO J. LUMBRERAS

Y la poesía se hizo música, o la música poesía y, casi al mismo tiempo, la cotidianidad de las sombras quedó cartografiada en un disco que tienes que escuchar, que vas a querer tener y que se disfruta con una pausa y la sensibilidad a flor de piel.

De rojo intenso se escribe la estética de un trabajo de impecable factura, lleno de canciones que navegan con una cadencia suave, aterciopelada, canciones que buscan cómplices en tiempos nuevos y que consiguen una conexión sencilla.

Mapa de sombras cotidianas (Satélite K) arranca con una guitarra que crece, con notas rápidas que inducen a pensar que lo mejor está por llegar y, casi sin esperarlo, aparece la voz de Marta, diciéndole a una muchacha lo que nunca le han dicho, cantándonos como no nos habían cantado, con voz sedosa, creciente. Es un bello despertar a un disco lleno de estampas sonoras muy mediterráneas que me recordaron a las particularidades de la luz de Sorolla, como si el valenciano se hubiese hecho música en algún momento.

Son once canciones bellas, que rozan un amplio espectro de registros, una delicada invitación a adentrarnos en una dimensión literaria de gran brillantez. Qué manera tan mágica de casar palabras y sonidos con el marco de una guitarra que, punteo tras punteo, se reivindica con magnífica autoridad. A los temas no les hace falta más nada, su acabado es impecable y rotundo, una redondez sin costuras, sin trucos ni trampas. Estamos ante un disco tremendamente orgánico, con su puntito de melancolía y su sazón para hacerse cotidianamente imprescindible.