PATY CANTÚ descubre en Madrid el pop latino que deslumbra en México

FERNANDO J. LUMBRERAS.

Todo comenzó con una cuenta atrás, un sofá rojo en mitad del escenario y la sensación de que el debut de Paty Cantú en Madrid había tardado en producirse. Hace algunos meses, su amigo Pablo López la subió al escenario del Teatro Real como una alternativa torera, era el signo inequívoco de saber que su desembarco en nuestro país era cuestión de poco tiempo. Hoy se dio en una sala que tiene una acústica espléndida, Joy Eslava, con poquitos músicos, con una puesta en escena sobria (media docena de pantallas) y todos sus grandes éxitos.

Para la puesta de largo de la artista mexicana, Universal tenía que darle padrinos efectivos y eso fue, precisamente, lo que apareció en tarima: Myriam Rodríguez, Bustamante, Antonio José y Pablo López. Faltó la programada Brisa Fenoy pero nadie pareció recalar en ello.

El show estaba dividido en tres partes separadas por interludios musicales de mayor o menor longitud, dos pausas que sirvieron para cambiar el vestuario pero ahí seguían las canciones que la han convertido en un icono del pop latino para millenials, un género en el que los mexicanos son auténticos fabricantes de ídolos desde la misma década de los 90.

Paty Cantú demostró que sobre el escenario se mueve como pez en el agua, le tiene tomada la medida a los shows pequeños y aunque pareciese en una primera impresión que estaba empezando de cero, lo cierto es que la sensación que daba era que España la conocía a la perfección. En Madrid se quedaron las historias que dieron pie a las canciones, los procesos personales buenos y no tan buenos, la imperfección a la que siempre le ha venido poniendo música y su etapa en Lu, formación en la que viniese a darse a conocer hace ya unos años.

Por instantes encontramos a la cantautora encumbrada por la televisión y el mainstream, pero cuando llegaron los momentos para las baladas o los acústicos, vimos a la artista completa, capaz de manejar una iconografía melódica inequívocamente más intimista, absolutamente reconocible y necesaria en su camino desde Lu hasta esta etapa reciente de su carrera.

Qué gran momento el que compartió con David Bustamante, la balada encajaba en las dos voces como un guante y si el público se había rendido con ritmos más bailables y regusto latino, con los temas lentos fue un auténtico delirio que apareció con menos frecuencia de la deseada. Fue sin duda el gran momento de la noche, por mucho que cuando Pablo López salió a escenario y le dedicase hermosas palabras, ella no se atrevió a darse la vuelta. Cuando lo hizo, vimos los ojos ligeramente aguados mezclándose con una sonrisa. Todo había salido bien. Madrid era ya testigo de su directo interactivo, luminoso y homogéneo, de esos que se disfrutan en primera fila.